miércoles, 7 de julio de 2010

LA CIENCIA DE LA MENTIRA: EL POR QUÉ LA VERDAD PUEDE HACER DAÑO


Mentir causa estrés emocional en las personas, sin embargo, los psicólogos dicen que estamos genéticamente preparados para engañar. Los estudios demuestran que hay claros beneficios biológicos para la deshonestidad, escribe Alice-Azania Jarvis.

¿Cómo sabemos que alguien nos miente? ¿Qué tenemos que buscar exactamente?
Este artículo comienza describiendo algunas de las formas populares que se suelen atribuir a la mentira, como que te crezca la nariz como a Pinocho, no poder mantener la mirada de la otra persona y desviarla cuando mentimos, o que las gráficas del polígrafo indiquen que estamos mintiendo. Sin embargo, la realidad es que cualquier método que empleemos para detectar una mentira tiene el mismo éxito que el azar o tirar una moneda al aire.
Incluso empleando la tecnología más avanzada en la detección de mentiras la identificación de mentiras específicas puede resultar imposible. La pasada década ha sido testigo de innovaciones en la detección de mentiras. Los electroencefalogramas monitorizan la actividad eléctrica del cerebro. Los registros de imagen termal de la temperatura del ojo (se ha sugerido que los ojos de las personas se calientan cuando mienten). Otros dispositivos miden el flujo de sangre al cerebro. Pero la ciencia todavía no puede ofrecer un método que aísle la actividad cerebral implicada en el engaño. Los humanos estamos bastante indefensos cuando nos enfrentamos a la distinción entre la verdad y la ficción.
“Esto explica el por qué las personas tenemos tanto éxito cuando mentimos”, dice Robert Feldman, profesor de Psicología de la Universidad de Massachusetts. “Algunas personas son buenas mintiendo y otras son malas, pero todas emplean diferentes señales. Si no les conocemos desde hace tiempo nos resultará difícil decir si están mintiendo.” Este investigador asegura que mentimos una buena parte del tiempo. Para explicar esto presenta una serie de principios psicológicos, siendo el más importante de estos el denominado “Ventaja del Mentiroso”, una táctica para ir por delante que es posible, tanto por la dificultad para detectar mentiras como por nuestra propia candidez.
“No esperamos que nos mientan”, dice el profesor Feldman, “y, con frecuencia, las personas nos dicen lo que queremos oír: que estamos haciendo un buen trabajo, o que hemos tenido éxito. El mentiroso quiere mentir con éxito y quiere que le creamos, y lo hacemos. No ponemos obstáculos.”
Los ejemplos de engaño examinados en una rango de mentiras van de lo trivial (asegurar que se conoce una ciudad para seguir una conversación) hasta lo extraordinario (asegurar que se dispone una cantidad ingente de dinero, títulos de nobleza, etc.). Las mentiras las podemos encontrar repartidas en todos los aspectos de nuestra vida, desde la relación que mantenemos con nosotros mismos, las relaciones con los demás, en el lugar del trabajo, los medios de comunicación y la política.
Feldman comenta que mentir es una habilidad básica que aprendemos pronto en nuestra infancia. Los estudios que se han realizado al respecto reflejan que los niños de tres años ya utilizan la mentira. “Cuando tienen tres años no mienten muy bien, pero ya lo emplean como una táctica social. A los cinco o seis años ya son muy buenos.”
No sólo aprendemos pronto a mentir y a afinar esta habilidad a lo largo del tiempo, sino que también la empleamos como una forma de alcanzar el éxito: social, profesional, sexual… Desde luego, en este sentido, mentir se ha convertido en una importante táctica evolutiva que encontramos con frecuencia en el mundo que nos rodea. “Si puedes engañar a un miembro de otra especie para que no te coja o no te coma, entonces esto te da una ventaja”, comenta Feldman. Destaca el caso de las arañas Portia, cuyas técnicas de engaño no son sólo instintivas, sino altamente sofisticadas.
Las Portias son excepcionales por dos razones: su gusto por otras serpientes y su excelente visión, una ventaja de la que parece que no se dan mucha cuenta. Cuando cazan a sus compañeros arácnidos, se embarcan en un complicado juego de faroles. Para acercarse de forma que no sean detectadas, esperan hasta que algo haga vibrar la tela (una brisa, por ejemplo). También son capaces de imitar las vibraciones de otras especies. De esta manera, engañan a su comida para que se acerque a ellas haciéndolas creer que han encontrado una compañera. Son las técnicas de supervivencia de un mentiroso.
Formando el engaño una parte significativa del mundo natural, no es extraño que recurramos a él casi sin pensarlo. ¿Quién no diría que mentir es algo innato en la naturaleza humana?
En este punto Feldman muestra sus dudas, no creyendo que mintamos de forma instintiva. Incluso cuando desarrollamos habilidades para el engaño no disminuyen los estímulos. Buena parte de nuestro entorno está condicionado por falsedades. “En los anuncios publicitarios se acepta que no todo lo que se dice es completamente verdadero”, señala Feldman. “Todos hablamos de la integridad y su importancia, pero muchas decisiones de negocios se basan en el engaño. Ya hemos visto cómo a veces si inflan balances para generar un clima apropiado para el negocio.”
A pesar de todo esto, parece que no somos concientes de la cantidad de falsedades que nos rodean – incluso cuando nacen de nuestra propia boca. Una buena parte de los estudios de Feldman están basados en filmaciones secretas realizadas a los voluntarios de los estudios mientras se encontraban en interacción con otras personas. “Posteriormente, las personas se sorprendían al descubrir que no habían sido del todo honestos con los demás. Les pregunté si habían sido sinceros y contestaron que sí, pero cuando después vieron las filmaciones encontraron bastantes tipos de engaño.”
La ironía del método empleado para el estudio es que también parte de la falta de honestidad. A los voluntarios no se les dice que hay una cámara escondida ni se les habla de la naturaleza de la investigación para que no se pongan en guardia. De esta forma, Feldman miente a sus “cobayas” para pillarlos mintiendo.
Feldman forma parte de una creciente corriente de opinión que está en contra de nuestra cultura de deshonestidad; no sólo de la deshonestidad deliberada de estafadores y criminales, sino también de las mentiras “piadosas” diarias que nos facilitan la relación social.
El New Satatesman traía recientemente un artículo de la psicóloga australiana Dorothy Rowe que avisaba sobre la “red de consecuencias imprevistas” que nos creamos. No es sólo un punto de vista moral o filosófico: la evidencia científica respalda los puntos de vista de estos investigadores. Feldman cita algunos estudios que identifican la existencia de una “punzada de angustia” psicológica que sufren quienes dicen mentiras. “Al final, ello convierte nuestras relaciones en algo menos real. Se ha encontrado que las personas suelen arrepentirse de engañar a otros, incluso cuando piensan que lo están haciendo por un bien.”
El cómo podemos alcanzar una sociedad más honesta es algo que todavía no está muy claro. La tarea de conseguir una sociedad radicalmente honesta puede ser una tarea inalcanzable.
La próxima investigación de Feldman se centrará en nuestra conducta e Internet. Investigaciones previas sugieren que nuestra existencia online sólo aumenta nuestra falta de honestidad. Cualquiera que haya pasado tiempo puliendo su perfil en Facebook o que haya asumido un alias para comentar artículos del periódico online, podrá hablarnos sobre esto.

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Os he traducido este artículo de: "The Science of Lying: Why the Truth Really Can Hurt". Diario The Independent

jueves, 1 de julio de 2010

CURSO UNIVERSITARIO: ACTUACIÓN POLICIAL CON PERSONAS CON ENFERMEDAD MENTAL SEVERA


Comienza el periodo de matriculación para el curso a distancia sobre ACTUACIÓN POLICIAL CON PERSONAS CON ENFERMEDAD MENTAL SEVERA, que organizan conjuntamente la Universidad de las Palmas de Gran Canaria y la Asociación Española de Tácticas Defensivas.



El curso va dirigido al personal de las Fuerzas y CC de Seguridad del Estado, Personal de Emergencias, etc.



Para más información visitar:


http://www.aetd.es/cursos/ActuacionPolicialPersonaEnfermedadSeveraULPG.html


http://formacioncontinua.ulpgc.es/index.php?pagina=alumnos&ver=mostrar_curso&categoria_formativa=3&idCurso=2794



sábado, 22 de mayo de 2010

EXPERTO UNIVERSITARIO INTERNACIONAL EN TÁCTICAS OPERATIVAS POLICIALES


ABIERTO PLAZO DE MATRICULA

UNICO EN EL AMBITO UNIVERSITARIO

PLAZAS LIMITADAS

Titulo Post Grado de la Universidad Cádiz-España


EXPERTO UNIVERSITARIO INTERNACIONAL EN
TÁCTICAS OPERATIVAS POLICIALES




En el proximo mes de noviembre comenzara la III edicion del titulo semipresencial.

240 horas en campus virtual

Semana presencial operativaEstimado compañero

Te adjunto información donde se aclaran todas tus dudas:
WEB UNIVERSIDAD
http://formacion.fueca.org/detalle.php?codigo=AEU10723
lA PREINSCRIPCION LA TIENES QUE HACER EN FUECA
TELEFONO 956 070372
CORREO: formacion@fueca.com


Enlace a diptico

http://www.operativatacticapolicial.com/imagenes/novedades/EUITOP%20III%20EDICION.pdf

Mas informacion ( videos y prensa informativa sobre el Titulo)

http://www.operativatacticapolicial.com/tiro.html

sábado, 1 de mayo de 2010

¿SOMOS BUENOS DETECTANDO MENTIRAS?



El acto de mentir implica la manipulación consciente de información sobre los propios conocimientos, pensamientos o sentimientos, que se efectúa mediante la conducta verbal o no verbal en el curso de un acto comunicativo, y que tiene por objeto manipular las creencias de otra persona con el fin de alcanzar algún beneficio.
La investigación muestra que el nivel de aciertos de nuestros juicios sobre la veracidad de las demás personas al observar su conducta, es similar al que tendríamos al echar una moneda al aire. Nuestra capacidad para diferenciar entre verdades y mentiras al observar la conducta de los demás es extremadamente limitada (53,4%).
En los estudios realizados al respecto resulta curioso que los resultados indican ue los profesionales familiarizados con el engaño (policía, jueces, psiquiatras, etc.) no aciertan más que las otras personas. De hecho, si bien es cierto que hay unas pocas variables (preparación, conocimiento previo del comunicador, etc.) que tienen una influencia estadísticamente significativa sobre los resultados, también es cierto que dicha influencia es realmente muy reducida en términos absolutos, ya que sólo en raras ocasiones elevan los niveles de acierto por encima del 60%.
La investigación también muestra que las personas identificamos con mayor facilidad las verdades que las mentiras, ya que tendemos a considerar que los demás son sinceros.
No sólo somos pobres detectores de mentiras, sino que, además, no tenemos conciencia de ello. En un estudio se examinó la relación entre la confianza de los observadores en que sus juicios son correctos y el nivel de aciertos, resultando esta relación prácticamente nula. De hecho, lo que tendemos a hacer es sobreestimar lo bien que hacemos nuestros juicios de credibilidad.
Pese a que existen claros estereotipos compartidos por todos sobre la conducta típica del mentiroso, estos suelen ser erróneos. Estos también sucede con los estereotipos que presentan profesionales tales como policías, jueces, o similares, lo cuales se solapan en gran medida con el ciudadano medio. Obviamente, si nuestras creencias sobre los indicadores del engaño son erróneas, entonces, nuestros juicios de credibilidad no pueden más que ser erróneos
En realidad, la investigación reciente muestra que apenas existen identificadores conductuales del engaño. En una investigación realizada en el 2003 por DePaulo y sus colegas sobre las claves reales de la mentira, de 158 posibles claves conductuales examinadas por la investigación, sólo 41 (26%) permitieron diferenciar significativamente entre comunicaciones verdaderas y falsas. Haciendo una segunda criba entre aquellas que no ofrecían las suficientes garantías, restan sólo 24 indicadores. En definitiva, hay muy pocas diferencias entre la conducta de las personas cuando mienten y cuando dicen la verdad. Además, esta investigación también señaló que hay indicadores conductuales cuyo significado puede cambiar según sean las circunstancias: hay conductas que discriminan entre verdades y mentiras en unas situaciones pero no en otras, y claves que no discriminan en términos generales pero sí lo hacen en circunstancias muy específicas, y viceversa.
Cuando se comparan las diferencias existentes entre grupos de personas adiestradas para detectar mentiras y grupos de personas no entrenadas, la diferencia sólo es del 4%: el índice de aciertos del grupo no entrenado es del 54% y el del entrenado es del 58%. En realidad, lo que parece producir el entrenamiento no es un incremento en la capacidad para poder discriminar entre comunicaciones verdaderas y falsas, sino un aumento de la tendencia a juzgar que las comunicaciones son falsas.Todos estos datos chocan frontalmente con una serie de creencias populares. Por ejemplo, se cree que detectar la mentira es fácil, que hay conductas que permiten diferenciar claramente entre comunicaciones verdaderas y falsas en cualquier circunstancia, etc.

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Para leer el artículo original completo: http://www.cop.es/infocop/vernumero.asp?id=1290

viernes, 16 de abril de 2010

CURSO CON LA POLICÍA LOCAL DE ALICANTE


Mis saludos a los policías locales de la provincia de Alicante que tuvieron la paciencia de agunatarme tres días en el curso que les impartí sobre "Relación Policía Local Ciudadano". Un abrazo para todos y espero nos encontremos de nuevo.

viernes, 9 de abril de 2010

UNA SÓLA SESIÓN PSICOLÓGICA PROTEGE A LOS NIÑOS DE SUFRIR ESTRÉS POSTRAUMÁTICO EN LOS ACCIDENTES DE TRÁFICO


PATRICIA MATEY
MADRID.- Pocas cosas se quedan tan 'grabadas en la retina' como verse involucrado en un accidente de tráfico. Máxime si el que lo sufre es menor de edad. Evitar el estrés psicológico que este tipo de siniestros puede ocasionar, así como disminuir las posibilidades de que los más pequeños desarrollen estrés postraumático, es posible con tan sólo una intervención psicológica precoz tras el incidente.
Lo acaba de demostrar un equipo de científicos del Hospital Infantil de Zurich (Suiza) liderados por Daniel Zehnder. "Los accidentes de tráfico son una de las primeras causas de muerte y de problemas de salud en los niños residentes de los países desarrollados. De hecho, cada año, en Europa aproximadamente 9.000 chicos menores de 19 años mueren en la carretera y 355.000 resultan heridos... Existe una larga evidencia de que los pequeños involucrados en los siniestros pueden sufrir estrés psicológico a largo plazo", recuerdan los investigadores en la revista 'Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health'.
La literatura científica al respecto revela que entre un 10% y un 30% de los menores víctimas de siniestros sufre trastorno agudo por estrés en las cuatro semanas posteriores al incidente y que hasta un 35% de los niños lesionados padece síndrome de estrés postraumático meses después.
Por este motivo y porque los adultos que sufren accidentes tampoco están a 'salvo' de padecer estrés postraumático, el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (COPM), lleva años demandado este tipo de intervención. Roberto Durán, experto en Psicología de Tráfico y Seguridad Vial de esta institución, así lo reconoce a ELMUNDO.es. "Al igual que en las ambulancias que acuden al siniestro van un técnico y un médico, entre otros, debería ser obligatorio que asistiera un psicólogo de forma rutinaria", aclara.
Este especialista reconoce que "en ocasiones los servicios de emergencias y la Cruz Roja acuden con un voluntario, pero debería instaurarse en todos los incidentes a nivel nacional".
Los investigadores suecos analizaron a 101 niños y niñas de entre siete y 16 años que habían sufrido un percance en la carretera 10 días antes. La mitad de ellos fue sometido a una única intervención psicológica precoz de 30 minutos. "Su corta duración reduce los costes, además de facilitar su implantación de forma rutinaria dentro de la atención médica en los hospitales infantiles", indican los autores de la investigación.
La otra mitad (grupo control) recibió los cuidados estándar, que incluyen el diagnóstico clínico y el tratamiento médico necesarios. "El apoyo psicológico también suele realizarse, pero no está disponible de forma rutinaria. De hecho, en nuestro trabajo, ningún participante del grupo control se sometió a esta terapia".
Evita la depresión en menores de 11 años
En cuanto a los menores sometidos a la intervención psicológica precoz, los investigadores relatan que se realizó en presencia de alguno de los padres. "Se trabajó en la narración del evento traumático y en la reconstrucción de todos los detalles del incidente. Asimismo, se les pidió que contaran sus pensamientos acerca del trauma vivido. Y todos recibieron psicoeducación acerca de los síntomas del estrés, las reacciones normales tras el incidente, la necesidad de evaluar los síntomas, por si fuera necesario solicitar la ayuda posterior, y la importancia de mantener la rutina diaria", reza el ensayo.
Tras someter a todos los participantes a varios chequeos (a los dos y seis meses del siniestro) en los que se midió la incidencia de estrés postraumático, depresión y problemas de comportamiento, los autores constataron que una única sesión psicológica precoz en niños que sufren accidentes reduce el riesgo de estrés postraumático. Asimismo, y sólo en el caso de los menores preadolescentes (siete a 11 años), la sesión también fue útil a la hora de reducir la incidencia de síntomas de depresión y problemas de comportamiento entre los 10 días y los seis meses después del accidente.
Los autores tuvieron en cuenta algunas variables que podían afectar a sus resultados, como el estatus socioeconómico, si los pequeños habían sufrido otros eventos traumáticos previos y la severidad de las lesiones.
"Dos aspectos hay que destacar del estudio. Primero que la intervención es muy precoz, lo que mejora los resultados y segundo que se lleva a cabo con uno de los dos progenitores, lo que es particularmente importante a la hora de que el pequeño se sienta seguro. Además, el que los mayores participen abre la comunicación entre padres e hijos", comentan los autores.
Reconocen, no obstante, algunas limitaciones en su investigación, como es el hecho de que una sola sesión no sea útil para disminuir los síntomas depresivos en los adolescentes. "En este sector de la población tal vez la intervención psicológica no resulte tan necesaria, y la mejor estrategia sea la de esperar y observar. Para aquéllos con signos de patología, de tres a cinco sesiones psicológicas pueden resultar efectivas contra los síntomas depresivos, los de ansiedad, de estrés postraumático o problemas de conducta".
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Fuente: Diario ElMundo.es

domingo, 28 de marzo de 2010

AL PIE DEL CAÑÓN

Saludos a tod@s.
Como habréis podido comprobar, hace un tiempo que no he colocado ninguna nueva entrada en el blog. La verdad es que estos dos últimos meses he estado algo agobiado por obligaciones diversas. Quiero agradecer vuestras contínuas visitas al blog, a pesar de no encontrar novedades. También quiero pedir disculpas si no he podido contestar todavía a algunos de los mail que me habéis enviado. Espero poder recuperar la "normalidad" después de las fiestas de Semana Santa. Mientras tanto, un abrazo para tod@s.
Fernando