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lunes, 6 de abril de 2015

"LA REALIDAD DE LOS ENFRENTAMIENTOS ARMADOS" SE PRESENTA EN BURGOS




Hace unos días tuvimos la oportunidad Ernesto y yo de presentar nuestro libro en Burgos. En uno de los actos programados impartimos sendas conferencias a un nutrido grupo de abogados, fiscales y jueces sobre la fisiología del enfrentamiento armado, tratando de aclarar concepciones erróneas en torno a lo que ocurre realmente cuando el policía se ve obligado a emplear su arma de fuego. Tras las conferencias, todos tuvieron la oportunidad de pasar por la galería de tiro y comprobar in situ el funcionamiento de algunas armas en acción.
Por la tarde, y ante un nutrido publico, hicimos la presentación del libro. Antes, Ernesto realizó una brillante exposición sobre cartuchería y yo hablé del estrés policial.
Lo mejor de todo el ambiente de compañerismo. Alberto, Policía Nacional y miembro del SUP, se encargó de que nos sintiéramos como en casa. La organización un 10.

domingo, 21 de diciembre de 2014

ENFRENTAMIENTOS ARMADOS. PRESENTACIÓN EN CÁDIZ

El pasado día 17 mi compañero Ernesto y yo presentamos en Cádiz nuestro libro "En la Línea de Fuego: la Realidad de los Enfrentamientos Armados", que dentro de poco acogerá una segunda edición.
Nos sentimos de maravilla en esa hermosa ciudad. Los organizadores impecables y la compañía y la calidez con la que nos recibieron fue todo un lujo.
En el turno de preguntas los asistentes se mostraron muy interesados en todo lo referente a la fisiología del estrés y en cómo este puede afectar nuestro rendimiento durante un enfrentamiento armado.

Una de las conclusiones más importantes fue, a mi criterio, la necesidad de adiestrar al policía en los aspectos psicológicos y fisiológicos del enfrentamiento armado, enseñándole a normalizar las emociones que puede experimentar como algo propio e inherente a la situación. 
La conclusión más reseñable  tuvo que ver con la importancia de disponer de un entrenamiento global en el empleo del arma mucho mejor diseñado y estructurado y que se adaptara a la realidad de lo que el policía puede encontrarse en la calle.
Os adjunto unas fotos del evento.




viernes, 27 de junio de 2014

PREOCUPANTE ÍNDICE DE SUICIDIOS EN LA GUARDIA CIVIL

Guardia Civil


La tragedia oculta de la Guardia Civil: 447 suicidios desde 1982, uno cada 26 días.

  • En 2012, la tasa de suicidios en la Benemérita (14,5%) duplicó a la de la población (7,5%); en 1994 era siete veces mayor.
  • Un estudio de la AUGC revela que el 26% de los entrevistados ha pensado alguna vez en suicidarse, el 21% lo planificó y el 4% lo intentó.
  • La Guardia Civil señala que los datos más fiables son desde 2005, cuando entró en vigor el II Plan de Prevención: 116 suicidios y 52 intentos 
  • "Nuestra diferencia con la población civil es que tenemos acceso rápido a un medio letal, como es una pistola"
  • La Benemérita asegura que son de los pocos cuerpos policiales con un plan de prevención, que ha ayudado a 500 agentes en situación de riesgo.
Toda la noticia en: http://www.20minutos.es/noticia/2152616/0/suicidios-guardia-civil/plan-prevencion-conductas/

Os remito a este comentario que hice en el blog: https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=3539486876165482651#editor/target=post;postID=5774609547010782053;onPublishedMenu=allposts;onClosedMenu=allposts;postNum=11;src=postname


domingo, 25 de mayo de 2014

"TODAVÍA NO SÉ POR QUÉ NO DISPARÉ". ENTREVISTA EN EL DIARIO DE ÁVILA


En la línea de fuego’ es un libro escrito por Ernesto Pérez Vera y Fernando Pérez Pacho. El primero es un Policía Local de La Línea de la Concepción e instructor de tiro. Retirado del servicio activo, precisamente por una situación de las que se describen en el libro. El es, precisamente, también uno de los protagonistas de esta historia. Fernando Pérez Pacho es psicólogo clínico que ha trabajado durante más de 30 años formando a miembros de los cuerpos se seguridad y personal de intervención en situaciones de crisis y emergencia, jefe del Servicio de Salud Mental de Menorca. Los dos autores estuvieron el pasado miércoles en la Escuela Nacional de Policía presentando su libro. En la siguiente entrevista los autores hablan de su obra.
¿Cómo surgió la idea de escribir un libro juntos?
-Ernesto. Fernando y yo nos conocimos leyéndonos mutuamente. Fernando administra un blog sobre psicología policial y escribe cosas que eran de interés para mí como policía e instructor de tiro y apasionado de la policía. Leía lo que escribía y se ve que él leyó también algún artículo mío. En un viaje que realizó a Cádiz para dar un curso a los controladores aéreos sobre estrés me propuso escribir este trabajo cuyo resultado final es este libro que nos ha comprado los derechos el grupo Anaya a través de la editorial Tecnos.
¿Cuánto tiempo les ha llevado la realización de este trabajo?
Fernando. Han sido dos años de recopilación de información, entrevistas con policías y de buscar el tono de lo que queríamos decir. Una cosa es tener la idea general y otra cosa es plasmarla en algo concreto. El desarrollo de lo que queríamos hacer en cada capítulo es lo que nos ha llevado más tiempo.
¿Cuántos entrevistados aparecen en el libro y cuantas historias cuentan?
E. Son 27 entrevistados y 22 historias. Hay capítulos en las que se han entrevistado a varios actuantes. Hay un caso en el que entrevistamos a tres actuantes, tres policías que se enfrentan al mismo agresor. Cada uno nos cuenta lo que vio y lo que sintió, estando los tres a dos metros de un individuo que esgrimía un arma blanca contra ellos. Uno cuenta una cosa. Otro lo vio desde otro punto de vista y hubo uno que fue el que sacó su arma de fuego y disparó. Fue quien vio la citación más contundente. Ese capítulo se llama ‘Todavía no sé porque no disparé’. Había uno que nos comentó que todavía hoy no entendía la situación porque él fue el primero en llegar, el primero en sacar la pistola, el primero en empuñar, en encañonar al  agresor, en decirle que soltara el cuchillo. Pero, ¿porqué el último que llegó fue el que disparó? Otro nos contó que sacó la pistola porque vio a su compañero sacar el arma, pero que todavía no había visto el cuchillo del otro, pero como vio a su compañero con una pistola en la mano, él  lo imitó. Cuando vio que su compañero la guardó, también lo imitó, pero cuando vio que la volvió a sacar, él otra vez volvió a sacarla por imitación.
¿Qué conclusiones han  sacado después de estos dos años de trabajo que han culminado en este libro?
E. Para empezar, creo que la mayoría de los policías no estamos preparados técnicamente, tampoco psicológicamente para enfrentarnos a otra persona que quiera acabar con nuestras vidas. Incluso aquellos policías de unidades especiales que tienen un entrenamiento exquisito también pueden verse afectados por la metamorfosis fisiológica que sufre el ser humano que ve ante sí a  una persona que quiere quitarte la vida. Tenemos contrastados varios casos en el libro de policías extremadamente entrenados que respondieron o mal o tarde. Pero eso no quiere decir que haya que echarles la culpa a ellos de nada. Una cosa que me ha quedado clara es que la psicofisiología se impone incluso al mejor de los adiestramientos. La reacción sorpresiva puede llegar a bloquear incluso al mejor preparado. En este libro hay casos muy concretos.
F. La evolución no nos ha hecho valientes. Es bueno ser cobarde para poder sobrevivir. Al fin y al cabo el policía cuando está en un enfrentamiento armado básicamente corre peligro su vida y lo que le dice la biología es «sal corriendo». Pero de alguna manera ese estrés lo tiene que sobrellevar y aprender a tener una respuesta eficaz y eso es lo que hemos aprendido. Quizás ese tránsito entre el miedo, el estrés y la respuesta eficaz dista mucho de producirse en muchos casos y muy probablemente esto venga producido por el hecho en que quizás el policía, en general, no esté lo suficientemente bien preparado para afrontar estas situaciones en las que su vida puede correr peligro; es decir, luchar contra su biología que le dice, «sal corriendo y evita el peligro».
¿Qué tipo de situaciones límite le ha tocado vivir a los protagonistas del libro?
-E. A mí me impactó uno de los capítulos, el número 17 en concreto. Un funcionario de policía con varios años de servicio. Una persona joven a la que se le supone un entrenamiento por encima de un policía que ya es más veterano y mayor. A las diez de la mañana este compañero entró en una vivienda en la que parecía que se escondía una persona que esta buscada por malos tratos y que podría estar infligiendo malos tratos a su propia madre. Cuando los policías entraron se encontraron con un pasillo de tres metros de longitud en el que aparecía el individuo al que pretendían buscar y con el que se querían entrevistar, pues no estaba todavía claro que fueran a detenerlo. Este individuo apareció esgrimiendo un cuchillo en cada una de sus manos. El policía confesó que cuando lo vio acercarse a él se dijo, «esto no va conmigo. Se parará. Sabe que lleva una pistola… No llegará». Pero llegó. El policía no reaccionó, no sacó la pistola. Por instinto agarró con sus manos las hojas de los dos cuchillos de cocina, que tenían de más de veinte centímetros de hoja. Por suerte, y por precaución se había puesto los guantes anticorte que solemos llevar los policías prendidos de nuestro cinturón. Evitó lesiones graves en las palmas de las manos, aun así se llevó heridas muy graves en sus extremidades superiores. No es el único caso que tenemos de policías agredidos y lesionados gravemente con arma blanca. Pero este me impactó sobremanera. Yo también me he enfrentado a personas armadas con arma blanca, pero siempre a una persona armada con un cuchillo. Este llevaba dos. Esto creo que incluso al más preparado le va a provocar un shock.
¿Cuáles fueron las reacciones de los agentes ante estas situaciones límites que les tocó vivir?
F. Hay algunas que se repiten. La más frecuente es la de sorpresa. Cuando te pasa te lo encuentras de golpe, de repente. Piensas lo que han pensado muchos policías: «Esto no me puede estar pasando a mí». Lo ven como una situación irreal. Incluso a veces son muy rápidos este tipo de enfrentamientos. Las reacciones psicofisiológicas más frecuentes suelen ser las de congelación, quedarte parado durante unos minutos o durante toda la acción. Muchos durante unos minutos quedan pensando qué van a hacer a continuación por la sorpresa que les causa. También suele aparecer la llamada  visión de túnel; es decir,  solamente centras tu atención en el peligro que tienes delante y olvidas lo que ocurre a tu alrededor. A veces ocurren cosas que luego después el policía no recuerda. Otra de las experiencias más frecuente es también percibir que las cosas ocurren como a cámara lenta, más despacio de lo normal, cuando en realidad están ocurriendo a una velocidad normal. Posteriormente después del enfrentamiento armado muchos de ellos no se han sentido en absoluto apoyados ni por sus compañeros ni por sus mandos. Probablemente  ninguno de ellos habría estado en un enfrentamiento armado. Sin embargo, se han permitido cuestionarle, hacer bromas a su costa, reirse de ellos porque no han acertado al atacante, o han dudado, etc. Toda esta situación lo que hace es aumentar todavía más el malestar que luego experimenta esta persona.
¿Estas personas que han sufrido estos enfrentamientos con el tiempo han conseguido recuperarse?
F. La mayoría con el tiempo consiguen recuperarse. Pero la velocidad de recuperación ha variado conforme al apoyo que hayan tenido de compañeros y superiores.
A la vista de la experiencia, ¿creen que la formación que reciben los miembros de los cuerpos de seguridad es suficiente para enfrentarse a este tipo de situaciones?
E. No. Contundentemente no. En unos cuerpos es mejor que en otros. Pero en cualquier caso, en el mejor de ellos es escasa, poco real, poco práctica. Realizan una formación que no se acerca a la realidad de los enfrentamientos armados. Necesitaría olvidar muchos prejuicios. En las academias de policías de todos los cuerpos se nos inculca demasiadas veces que nunca hay que llevar cartuchos en la recámara, cuando se ha demostrado y en el libro se puede ver que aquellos que llevaban cartuchos en la recámara, el arma presta para el disparo inmediato, súbito, supieron responder antes y mejor al enfrentamiento. Otros no, porque llevaban el cartucho en la recámara, pero no estaban entrenados para llevarlo. El llevarlo ahorra tiempo de respuesta. Habría que abandonar muchos tabúes y alejarse de las leyendas urbanas. Sacar el arma no es un delito, siempre que lo saques justificadamente.
¿Están expuestos a este tipo de situaciones algún tipo determinado de agentes?
E. Todos los policías están expuestos, no solo el patrullero. Recuerdo el caso, que no está en el libro, de un compañero, un policía local que notificaba infracciones, multas, citaciones. En una situación de estas se encontró con un delincuente y se lo cargaron. Ese hombre no llevaba ni pistola, porque como era el citador… Todo el mundo está expuesto. Tenemos casos de policías fuera de servicio en el libro. Un policía que acaba de ingresar en el cuerpo y se va a incorporar a la plantilla, por lo que se fue a celebrarlo con los compañeros. Se encuentra con una riña entre un policía veterano y un delincuente. Este compañero no sabe que es un delincuente. Ve que se está peleando con el compañero. Se identifica y le meten un tiro.
F. Lo que está claro que los malos no siguen el guión en esto de la respuesta y el entrenamiento,. Tu puedes entrenar lo que tu quieras en el campo de tiro, pero los malos no van a estar ahí para actuar conforme a lo que tu has entrenado. Son imprevisibles, son repentinos, están en movimiento, te disparan a ti. En un campo de tiro todas esas situaciones no las reproduces. Creo que como se está haciendo en otros cuerpos y en otros sitios, hay que acondicionar los entrenamientos a contextos realistas. El entrenamiento debería ser algo progresivo y continuado. Existen muchas técnicas psicológicas de visualización que tratan de reproducir mentalmente situaciones que te puedes encontrar en la vida real. De hecho, las empleamos en psicología desde hace décadas para curar determinados problemas. Las técnicas de visualización se están utilizando con el ejército norteamericano porque se dan cuenta de que los soldados tienen verdaderos problemas cuando entran en combate. Se encuentran luego con graves problemas posteriores. Por otra parte, hay que enseñar al policía a tener miedo. El miedo es bueno, no es malo. El problema no es tener miedo, es que te quedes paralizado. Tener miedo es lo normal. Creo que la cultura policial todavía hoy tiene estigmatizada el miedo. Si tienes miedo eres un cobarde. Hay que tener un par de huevos... Un par de huevos no funciona hoy en día cuando estás en la calle. Tienes que tener entrenamiento, preparación y mentalización y eso se consigue a base de un entrenamiento específico, constante y adecuado. Al fin y al cabo hablamos de la vida de la gente, no hablamos de ninguna tontería.
¿Se pueden educar este tipo de  reacciones?
-F. No todas, porque hay mil circunstancias que pueden incidir. Pero por ejemplo, cuando un policía está muy nervioso, lo primero que pierde es el movimiento fino, el movimiento de los dedos para apretar el gatillo. Porque básicamente lo que hace nuestro cuerpo es prepararnos para correr y para golpear. Si no se educa a un policía a manejar un arma en situaciones de estrés  no podrá enfrentarse en este tipo de situaciones, incluso para cambiar un cargador o quitar el seguro, son segundos que te pueden costar la vida y el miedo puede bloquear e impedir que el agente lo haga con la rapidez necesaria.

FERNANDO PÉREZ PACHO ANALIZA LOS EFECTOS DE UN TIROTEO

El psicólogo con 30 años de experiencia y colaborador de Menorcaaldia.com, Fernando Pérez Pacho, acaba de sacar al mercado su primer libro. Se trata de “En la línea de fuego: La realidad de los enfrentamientos armados”. El manual lo ha escrito junto al policía responsable del Grupo Especial de Seguridad Ciudadana Ernesto Pérez. En sus páginas desgranan las situaciones de conflicto en los que agentes de policía o escoltas han tenido que enfrentarse a personas violentas y se han visto envueltos en tiroteos o situaciones de alto riesgo físico. El libro lo publica la Editorial  Tecnos.

Enlace de la noticia: http://menorcaaldia.com/cultura/fernando-perez-pacho-analiza-los-efectos-de-un-tiroteo/25363


domingo, 16 de septiembre de 2012

LA EXPERIENCIA POLICIAL DURANTE UN TIROTEO


Evento traumático (Incidente crítico): Un acontecimiento o acontecimientos que implican una amenaza de muerte o sufrir serias heridas, o una amenaza  para la propia integridad física o la de terceros. Las respuestas del sujeto frente al incidente son de intenso miedo, indefensión y horror.

Ejemplos de eventos traumáticos o incidentes críticos durante la actuación policial incluyen:

-.Implicación en tiroteos.

- Muerte o heridas a un compañero policía.

- Heridas graves o muerte de un niño.

- Asesinatos terribles.

- Desastres naturales, accidentales o provocados por el hombre.

- Rescates fallidos o prolongados.

- Ver y manipular cuerpos en descomposición.

- Suicidio de un policía.

- Accidentes de tráfico que terminan en muerte o heridas graves.

- Realizar misiones peligrosas o con riesgo para la propia vida.

Estrés postraumático/estrés en incidentes críticos: Son las reacciones causadas por la exposición a un evento o eventos cuya intensidad  es tal que desborda la capacidad normal de afrontamiento del sujeto. Los eventos traumáticos suelen echar por tierra las ideas que uno tiene sobre la predictibilidad de los acontecimientos en su vida y el control que ejerce sobre ellos. Una respuesta de estrés traumático es una reacción normal ante una acontecimiento anormal e implica las emociones y pensamientos del sujeto. Más aún, el sistema nervioso autónomo del sujeto activa la producción de elementos químicos en el cerebro que también afectan al comportamiento.

Las reacciones frente a los incidentes críticos pueden durar, desde unas horas hasta varias semanas tras el incidente crítico, y puede incluir cualquiera de los siguientes síntomas:

 
Señales emocionales:

- Impaciencia, irritabilidad, cólera, agresión.

- Pensamientos recurrentes sobre el evento.

- Depresión, ansiedad y sentimientos de culpa.

- Pensamientos de suicidio.

- Entumecimiento emocional.

- Baja capacidad de reacción o sobrereacción.

- Sentimientos de indefensión y desesperanza.

- Sentimientos de vulnerabilidad.

 
Señales físicas:

- Dolores de cabeza, indigestión, presión en el pecho.

- Hipervigilancia, sobresaltos continuos.

- Mareos, temblores, sudor excesivo.

- Problemas de sueño, pesadillas, falta de apetito, diarrea.

- Fatiga, dolores musculares, hipertensión.

 
Señales conductuales:

 - Conducta llorosa, colérica o violenta.

- Conductas de evitación, apartarse de la familia y los amigos.

- Aumento del uso del alcohol, tabaco, comida o medicamentos.

- Aumento de realización de conductas de riesgo, temeridad.

- Cambios en los hábitos de trabajo.

- Realizar otras conductas autodestructivas como jugar, promiscuidad, abuso en los gastos.

 
Señales cognitivas:

 - Problemas de memoria y concentración.

- Olvidos, problemas con la toma de decisiones.

- Confusión y desorientación.

- Trastornos en el pensamiento lógico

Trastorno de Estrés Postrumático (TEPT): Es un trastorno que se produce por la exposición a eventos severos, que suelen amenazar a la propia vida, y que causa considerables trastornos en los pensamientos, sentimientos y conductas, y dura más de un mes. Sólo un profesional puede hacer el diagnóstico de este trastorno. Los factores qie pueden predisponer a padecer TEPT son: ausencia de un sistema de apyo, la incapacidad de hablar sobre los eventos estresantes, traumas pasados no resueltos, sentimiento pobre de uno mismo, la necesidad de sentirse invulnerable y habilidades de afrontamiento pobres.

EMPLEO POR LA POLICÍA DE FUERZA LETAL

Influenciado por los medios de comunicación, el público en general piensa que estar implicado en un tiroteo forma parte de la experiencia diaria del policía, cuando realmente este hecho es más bien poco frecuente. De hecho, el agente se lo piensa muy bien antes de hacer uso de su arma reglamentaria, consciente de que todo el aparato legal estará pendiente de él desde el momento en que desenfunde su arma. Generalmente, no se ha prestado mucha atención al impacto emocional que sobre el agente tiene el empleo de su arma reglamentaria. De hecho, existen pocos estudios a este respecto. Algunos que se han llevado a cabo sobre agentes implicados en un tiroteo arrojan los siguientes resultados: aumento de la respuestas de sobresalto, pesadillas, trastornos del sueño, flashbacks sobre el tiroteo, sentimiento de vulnerabilidad y/o aumento del sentido de peligro, recuerdos intrusivos, aumento de los sentimientos de ira y rabia, miedo sobre situaciones futuras, problemas de concentración y tensión física tras el tiroteo. Diversos autores han considerad al miedo y la vulnerabilidad como los factores clave para recuperar el equilibrio tras el tiroteo.

Otros estudios han puesto de manifiesto las distorsiones perceptuales que se producen en el agente durante el tiroteo y los déficits de memoria posteriores al mismo (ej., cuántos disparos se hicieron). Los autores de estos estudios llaman la atención sobre la necesidad de tener en cuenta estos hechos a la hora de realizar la investigación posterior, ya que la memoria del agente implicado puede no ser muy fiable y mostrar algunos déficits. Esto no significa que el agente no sea honesto.

El estrés producido por el tiroteo puede exacerbarse por las acciones que lleve a cabo el departamento de policía después del incidente. En este sentido, los propios agentes implicados han hecho varias propuestas:

·       Hay que dar tiempo a los agentes para que se recuperen de las emociones generadas por el tiroteo, sin hacerles sentir culpables o que no van a recuperarse.

·       El departamento de policía no debería comunicar el nombre de los agentes implicados  en el tiroteo. Airear los nombres por la prensa puede ser perjudicial para ellos y sus familias.

·       Los agentes de policía deberían recibir adiestramiento en la dinámica que genera un tiroteo.

·       El agente debe acallar los rumores que se generen en la comisaría proporcionando información adecuada a sus compañeros sobre las circunstancias del tiroteo.

·       Los agentes de policía deben interesarse por el compañero implicado en el tiroteo, prestándole su confianza y apoyo.

·       Muchos agentes no se encuentran cómodos realizando tareas administrativas tras el tiroteo y mientras se investigan las circunstancias del mismo, especialmente en aquellos puestos en los que reciben directamente las quejas de los ciudadanos.

·       Algunos agentes se sienten vulnerables cuando se les retira cautelarmente el arma para la investigación. El agente puede sentirse frustrado ante tanta burocracia.

miércoles, 31 de agosto de 2011

EVALUACIÓN PSICOLÓGICA PARA EL EMPLEO DEL ARMA REGLAMENTARIA



La evaluación psicológica para la tenencia y el empleo del arma reglamentaria siempre suele ser motivo de “mal rollo” entre los agentes. El objetivo de estas evaluaciones es tratar de predecir qué policías pueden experimentar dificultades serias en un futuro próximo en relación al empleo de su arma.
Afirmar, sin ningún género de dudas, que un agente de policía no va a tener problemas en el empleo de su arma es, a todas luces, imposible. Más difícil es, si cabe, realizar predicciones a largo plazo. En este tipo de materias resulta más realista hablar de posibilidades. Sabemos que hay determinados rasgos de personalidad que es más probable que puedan funcionar como detonantes de problemas en relación al arma que otros. Pero esto no es suficiente.
Los problemas psicológicos que presenta el examinado también modulan de forma importante la evaluación. Depresión, ansiedad, delirios paranoides, trastornos obsesivos… son alteraciones que pueden afectar gravemente la capacidad de juicio del agente cuando emplea su arma reglamentaria. Esto, por sí sólo, ya es suficiente para no dar el apto.
Los factores situacionales suelen pasarse a veces por alto, pero son algunos de los elementos que más debemos tener en cuenta en la evaluación. Estos factores nos hacen una fotografía instantánea de cuál es la situación personal, laboral y social del policía aquí y ahora. ¿Está atravesando por algún momento especialmente crítico de su vida (separación, muerte de un ser querido, problemas serios de trabajo…)?
El cómo se encuentra el agente aquí y ahora tiene su importancia, pues da cuenta de buena parte de los problemas que pueden aparecer en el empelo del arma reglamentaria. La gran mayoría de los agentes de policía tienen mucho respeto por el arma que llevan en el cinturón. Saben que el acto de desenfundar conlleva una enorme responsabilidad. En estas situaciones, la alerta está al máximo, minimizando la posibilidad de una mala praxis. Sin embargo, aquellas situaciones emocionales, internas y personales del agente, tienen la facultad de afectar poderosamente el estado de ánimo del policía, haciéndole bajar la guardia. Por eso, el mayor riesgo de una mala praxis en el empleo del arma no se dirige generalmente hacia el ciudadano anónimo, sino hacia el propio agente o su entorno relacional más próximo.
La evaluación psicológica para la tenencia y uso del arma es necesaria y debe realizarse cuidadosamente, pero – y salvo casos muy evidentes de problemas psicológicos serios, sólo proporcionan información y “predicción” limitada, a un momento dado y para un periodo de tiempo determinado. Algo que debería plantearse a medio-largo plazo es el trabajo de prevención que podrían realizar los propios policías entre sí. Entrenar al policía a identificar y actuar frente a situaciones que impliquen una posible situación de riesgo con el arma en un compañero, resultaría muy eficaz y se complementaría perfectamente con la evaluación psicológica.Este tipo de actuaciones ya se realizan de una manera informal, pero todos sabemos lo poco que gusta hablar de la vida de otro compañero o comunicar a los superiores lo que está ocurriendo por miedo al después. El agente debe saber cuándo la confidencialidad pasa a ser una lealtad mal entendida, poniendo al compañero con problemas en una situación de riesgo. Aquí hablamos de entrenar para proporcionar una ayuda legítima y confidencial – con límites perfectamente establecidos –por parte de quienes comparten el día a día del servicio.