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domingo, 24 de julio de 2016

SUICIDIO DE UN GUARDIA CIVIL EN NAVARRA

La AUGC comunica el suicidio de un guardia civil en el destacamento de Tráfico de Noáin


EN LOS VESTUARIOS - La Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) comunicó ayer el suicidio de un compañero en las instalaciones del destacamento de la Agrupación de Tráfico en Noáin. El cabo, destinado en la oficina de la Plana Mayor, acababa de regresar de pasar unos días de vacaciones en Córdoba y ayer era su primer día de trabajo, según precisaron fuentes de la citada asociación, que aludieron a supuestos motivos personales. Dichas fuentes señalaron que el agente, que estuvo destinado con anterioridad en la localidad cordobesa de Peñarroya, acudió a primera hora de la mañana a los vestuarios del destacamento de Noáin, donde se quitó la vida de un disparo. - D.N.

Fuente de la noticia: http://www.noticiasdenavarra.com/

Esto parece que se está convirtiendo en una epidemia. ¿Alguna iniciativa para tratar de prevenir, en la medida de lo posible, estas situaciones tan tristes? 

domingo, 21 de diciembre de 2014

EL SUICIDIO: ACTUALIZACIÓN EN INTERVENCIÓN

Organizado por el Colegio de Psicólogos de las Islas Baleares, he impartido una ponencia de actualización sobre el tema del suicidio, al que acudieron casi una treintena de colegas. Os dejo unas cuantas fotos del evento.




martes, 8 de julio de 2014

FORMACIÓN POLICIAL EN ANDORRA

A finales del mes pasado tuve la oportunidad de impartir un curso a los nuevos integrantes de la Policía del Principado de Andorra. No es la primera vez que tengo la ocasión de compartir experiencias con la policía de este precioso país. Pero esta vez, fue diferente. Saber que has podido aportar algo a los nuevos profesionales de la seguridad de un país, te llena de satisfacción. Y no solamente por los conocimientos, sino por los nuevos amigos y amigas que dejas detrás.
Durante la formación revisamos y practicamos técnicas de intervención:




  • Casos de suicidio.
  • Personas con enfermedad mental crónica que se niegan a la toma de medicación.
  • Actuación en situaciones de violencia de género y abuso sexual.
  • Técnicas de comunicación táctica policial.
  • Técnicas de autocontrol emocional durante las intervenciones en la calle...
La ilusión y ganas de aprender de estos recién estrenados policías fue contagiosa, y fue la clave para que todos termináramos aprendiendo de los dos días que pasamos juntos.
De verdad. Gracias a todos y a todas.

viernes, 27 de junio de 2014

PREOCUPANTE ÍNDICE DE SUICIDIOS EN LA GUARDIA CIVIL

Guardia Civil


La tragedia oculta de la Guardia Civil: 447 suicidios desde 1982, uno cada 26 días.

  • En 2012, la tasa de suicidios en la Benemérita (14,5%) duplicó a la de la población (7,5%); en 1994 era siete veces mayor.
  • Un estudio de la AUGC revela que el 26% de los entrevistados ha pensado alguna vez en suicidarse, el 21% lo planificó y el 4% lo intentó.
  • La Guardia Civil señala que los datos más fiables son desde 2005, cuando entró en vigor el II Plan de Prevención: 116 suicidios y 52 intentos 
  • "Nuestra diferencia con la población civil es que tenemos acceso rápido a un medio letal, como es una pistola"
  • La Benemérita asegura que son de los pocos cuerpos policiales con un plan de prevención, que ha ayudado a 500 agentes en situación de riesgo.
Toda la noticia en: http://www.20minutos.es/noticia/2152616/0/suicidios-guardia-civil/plan-prevencion-conductas/

Os remito a este comentario que hice en el blog: https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=3539486876165482651#editor/target=post;postID=5774609547010782053;onPublishedMenu=allposts;onClosedMenu=allposts;postNum=11;src=postname


martes, 17 de marzo de 2009

EL ”SUICIDIO POR POLICÍA” ES UN FENÓMENO QUE OCURRE EN UN TERCIO DE LOS TIROTEOS EN LOS QUE SE ENCUENTRA IMPLICADA LA POLICÍA EN EUA

Se calcula que el SPP da cuenta del 36% de todos los tiroteos en los que se encuentra implicada la policía. Estos datos confirman el aumento en la incidencia de este tipo de suicidio.
El estudio que se llevó a cabo confirma que los sujetos suicidas pueden, de hecho, amenazar, herir y matar a otros para conseguir suicidarse. Estos sujetos son muy letales consigo mismos, existiendo un 97% de probabilidades de que acaben heridos o muertos. Hay un tercio de probabilidades de que otros resulten heridos durante el incidente.
Fuente: Journal of Forensic Science, 2009

viernes, 6 de marzo de 2009

HABLAR DEL SUICIDIO


Un lector cuestionaba en su mail la pertinencia de hablar del suicidio con una persona que se quiere quitar la vida. En general, la intervención con alguien en estas circunstancias nos genera bastante inseguridad. Notamos en la chepa el peso de la responsabilidad sobre lo que puede o no puede o no puede ocurrir. Como policías, se espera de nosotros que resolvamos la situación, y esto pasa, desde luego, porque el sujeto no lleve a cabo sus amenazas. En una situación así nos andamos con pies de plomo para no fastidiarla.
No resulta extraño que alguno pueda echarse las manos a la cabeza y pensar que hablar del suicidio es como echar fuego a las brasas; una manera de “animar” más al sujeto a dar el paso y hacerlo.
Cuando nos acercamos a un ciudadano que amenaza con quitarse la vida sabemos que el indicador más importante con el que contamos para que no lo haga es la cantidad de tiempo que pasa hablando con nosotros: cuanto más tiempo, menor la probabilidad de que cumpla con su amenaza. Pero, ¿y de qué hablamos? ¿De fútbol? ¿Del tiempo?
¿Por qué no hablar de lo que realmente agobia al sujeto en esos momentos? Pedirle que nos explique qué le preocupa, que ideas, pensamientos, imágenes le pasan por la cabeza; por qué ha decidido quitarse la vida; por qué piensa que es la mejor opción y si ha valorado otras posibilidades de solución; si ha realizado preparativos concretos al respecto, etc. Todo esto transmite al sujeto que nos interesa lo que le está ocurriendo y preocupando aquí y ahora.
El mensaje que transmitimos interesándonos por todo esto es que nos importa como persona, que lo valoramos como tal, además de que comprendemos que está atravesando por un momento realmente difícil. Lo sabemos, y por eso estamos ahí hablando con él sobre su deseo de quitarse la vida. Esto es lo que choca al sujeto y lo que debemos dejarse bien claro: no hemos venido a detenerle no a juzgarle, hemos venido a hablar.
Creer que hablar sobre el suicidio u otros temas “delicados” incrementa el riesgo de un final desafortunado, puede llevar al policía a obviar el tema y a querer mandar un mensaje positivo y de esperanza fuera de lugar y poco creíble que en absoluto refuerza la empatía con el sujeto (o se adopta el enfoque de “picar” al potencial suicida transmitiéndole la idea de que suicidarse es de una cobardía y que es más difícil vivir la vida). Este enfoque se estructura en torno a frases como: “no te preocupes”, “piensa en la gente que tiene problemas más graves y lucha para salir adelante”, etc., que, con toda seguridad, se transmite con toda la buena intención del mundo, pero que pueden tener el efecto paradójico de mandar el mensaje: “tus problemas no son tan importantes como para quitarte la vida” o “¿cómo es que te preocupas por esa tontería?” Cuando las personas experimentan ansiedad se encuentran muy percepctivas y sensibles al lenguaje no verbal, a leer entre líneas. Nuestros gestos, tono de voz o la mirada, pueden reinterpretarse de muchas formas por el sujeto objeto de intervención. Muchas veces no se trata de lo que decimos, sino de lo que la persona interpreta en el estado en que se encuentra.
Presentarnos, explicar el motivo de nuestra presencia allí y preguntar directamente por las preocupaciones e intenciones del sujeto, sin evitar el asunto hablando de otros temas y/o mandando mensajes estereotipados, nos da más probabilidades de conectar con el sujeto, de que se abra a nosotros y descargue la angustia que le atenaza, lo que ayudará a desactivar la intención suicida.

viernes, 20 de febrero de 2009

SI QUISIERA MATARSE YA LO HABRÍA HECHO


Siempre que he dado un curso de intervención en suicidio he escuchado el comentario que da título a esta entrada. Y es un comentario al que no le falta cierta lógica. Nos llaman diciendo que hay un sujeto que parece (o que ha dicho) que se quiere quitar la vida. Cuando el policía recaba información en el lugar de la intervención – ya sea hablando con el suicida potencial y/o con otras personas que pudiera haber cerca -, resulta que el sujeto llevaba ya varias horas en ese estado, sin decidirse a quitarse la vida, pero mostrando todas las conductas de querer hacerlo. La lógica nos dice que, si quisiera matarse, ya lo habría hecho, o no montaría “ese numerito” para “llamar la atención.”
La intervención policial en un caso de este tipo es estresante. Uno no sabe lo que va a encontrar. No será igual de problemática la intervención en caso de encontrarnos al sujeto sentado en la cama, con un bote de pastillas en la mano que todavía no se ha tomado, que otro de pié en el alféizar de la ventana en un tercer piso con intención de tirarse.
Recuerdo una película, “Arma Letal”, en la que el policía se tiraba con el ciudadano, y otras en las que el policía “pica” al sujeto diciéndole que no tiene lo que hay que tener para tirarse. Además de ser película y un ejemplo de lo que NUNCA hay que hacer en estos casos, todos estos ejemplos y guiones cinematográficos se basan en la asunción de que el sujeto no quiere matarse y está montando el numerito, algo que puede ser cierto o no.
A tenor de lo anterior se suele decir que “el que lo dice, no lo hace.” Bueno, pues lo que sabemos con datos es que 8 de cada 10 personas que intentan suicidarse efectivamente han avisado antes de sus intenciones, ya sea con una nota, comentarios directos o indirectos a familiares o amigos, etc. Por lo tanto “el que lo dice, lo hace.” Cuando llega, el policía se encuentra con una persona que probablemente no quiere llamar la atención, sino que se debate interiormente con una decisión, como es el quitarse la vida, que le produce angustia y temor. “Si quisiera matarse ya lo habría hecho”; como si quitarse la vida fuera algo tan sencillo que basta con el deseo para hacerlo. Esto no funciona así. Aunque el sufrimiento emocional pueda ser muy intenso, tan intenso que la persona valora que la única forma de acabar con él es matándose, eso no significa que la persona no quiera vivir. De ahí que su debate interior sea, por un lado acabar con el sufrimiento a costa de la propia vida y, por otro, querer seguir viviendo. Es durante este debate interior e intenso que el policía encuentra al sujeto.
No creamos que en este debate no está también la forma de morir más adecuada. El suicida potencial tampoco quiere sufrir matándose, con lo que, a sus dudas sobre si finalizar su vida o no, se añade la aprensión por el dolor que pueda experimentar en el tránsito.
Incluso aunque sea el propio sujeto el que alerte a la policía de sus intenciones, ello no significa que “no vaya a hacerlo.” En ocasiones, estas llamadas son el último intento, la última petición desesperada de ayuda para no llegar al extremo de la autolisis.
Es verdad que hay casos en los que la persona emplea la amenaza del suicidio como una forma de chantaje o de manipular el entorno. Pero yo siempre digo los mismo a los policías: que intervengan en cada caso como si efectivamente la persona fuera a quitarse la vida, independientemente de que pensemos lo que pensemos. Matarse no es una decisión sencilla. Desde el pensamiento suicida hasta el acto suicida puede haber un camino largo, un camino en el que el sujeto puede decir una cosa y su contraria en cuestión de segundo. La ambivalencia es la nota dominante, y ese es el estado en el que el policía encuentra al sujeto: valorando los pros y los contras de una decisión a todas luces muy difícil y no deseada.

sábado, 10 de enero de 2009

INTERVENCIÓN EN SUICIDIO


En la mayoría de los suicidios hay que tener presente que la persona tiene el control sobre su propia vida. El objetivo del policía será tomar él el control mostrando un deseo sincero de querer ayudar al sujeto a salir de esa situación.
El riesgo de suicidio aumenta en aquellas personas que previamente han sido hospitalizadas por riesgo de suicidio. En el término de cuatro días tras el alta, la tasa de suicidio exitoso es mayor.



Factores de riesgo para el suicidio:

Algunos elementos a tener en cuenta para evaluar el riesgo de suicidio: existencia de un plan suicida, historial de intentos previos, los recursos emocionales (internos) y externos de la persona, pérdidas recientes de diversa índole (incluida la pérdida de salud y enfermedades actuales), abuso de sustancias, soledad, cambios radicales repentinos e inexplicables en la conducta o el estilo de vida, alucinaciones auditivas que le incitan a matarse, etc.

Intervención en riesgo de suicidio:

- Obtener inmediatamente los datos personales necesarios.
- Hablar abiertamente sobre el suicidio. Hablar de ello no “le da la idea” al sujeto.
- Retirar cualquier objeto potencialmente peligroso. Es un tema de seguridad para el policía, otras personas y el sujeto.
- Notificar y ponerse en contacto con familiares y/o allegados. Como señala Murphy (1986) hay que tener siempre presente que “ciertos familiares o amigos podrían querer que la persona se suicide y pueden proporcionar información falsa o animar al suicidio si se les da la oportunidad”.
- Ofrecer esperanzas realistas. Hay que presentarse ante el sujeto con un enfoque realista de cómo pueden solucionarse los problemas.
- Elaborar un plan de acción. Si la persona desea colaborar este es un camino excelente a seguir. Esto ayuda a la persona a recuperar su sentido de control.
- Hablar de la naturaleza temporal de los sentimientos depresivos y de la tendencia suicida, y de cómo amainan con el tiempo. Siempre hay alternativas al suicidio, aunque no resulten evidentes para el sujeto en ese momento.
El suicidio es una solución permanente a un problema temporal (Castellano, 2003). Los suicidas están tan “concentrados” en esta solución que difícilmente se consigue disuadirles.