Acabo de leer un
artículo relativamente reciente que afirma que los suicidios de policías
locales en Madrid ha aumentado desde 2011. Otra noticia - esta vez desde
Colombia - señala que la policía allí registra, como promedio, un suicidio por
semana. Hay muchas noticias parecidas a estas en los medios impresos. En
algunos casos se ha intentado la prevención identificando los factores de
riesgo y las señales tempranas de aviso de futuros problemas.
Sin tener que viajar
demasiado lejos, nos encontraremos con un viejo conocido como uno de los
factores precipitantes del suicido: el estrés. El trabajo policial es uno de
los que más estrés producen. Una buena parte de este estrés se explica por el
hecho de tener que controlarse frente a sujetos que, por sus actos, merecen
otro tipo de trato. El policía NO PUEDE actuar según lo que "le pide el
cuerpo", y esto requiere unos elevados grados de autocontrol.
El trabajo policial,
por su naturaleza, exige altos niveles de autocontrol. Mucho autocontrol. Y
andar controlándose continuamente genera buenas cantidades de estrés.
La progresiva
profesionalización de la policía, el mayor control social de sus actuaciones,
ha generado una mayor presión social sobre las intervenciones policiales. El
policía debe pensárselo varias veces antes de sacar su arma o aplicar la fuerza
sobre un ciudadano. En ocasiones, esta vacilación puede costarle la vida al
agente. De cualquier forma, el policía que sale a la calle sabe que hay muchos
ojos pendientes de lo que hace y de cómo lo hace. No es extraño entonces que el
estrés haya aumentado en los cuerpos policiales. Por contra, poco se está
haciendo para reconocer y abordar este estrés desde las Administraciones.
Si echamos un vistazo a
la investigación sobre el estrés en los cuerpos policiales, los factores
desencadenantes más importantes son:
·
Matar a alguien en acto de servicio.
·
Que nuestro/a compañero/a muera en acto de servicio.
·
Falta de apoyo por parte de los mandos/departamento.
·
El trabajo a turnos y los inconvenientes que genera a nivel familiar y los
hábitos cotidianos.
·
Tener que lidiar con la incomprensión de los medios y la sociedad en
general.
Curiosamente, el miedo
al daño físico puntúa muy bajo en la lista de estresores. El peor de los
efectos que tiene el estrés entre los policías es el suicidio. Cada vez son más
los casos de agentes de policía que deciden acabar con su vida. ¿Podemos hacer
algo para limitar esta curva ascendente de muertes innecesarias? Desde luego
que sí. Hay cuatro factores que suelen acompañar al suicidio policial, y son:
divorcio, elevado consumo de alcohol, depresión y no contar con ayuda profesional.
Estos problemas no se
atajan con cursos sobre el estrés. El manejo del estrés en el trabajo policial
debería formar parte de la preparación básica del agente de policía. El manejo
de las emociones en entornos tan desfavorables, como lo suele ser el trabajo
policial, requiere de entrenamiento específico y continuado. Un curso de
"x" horas sólo te proporciona - en el mejor de los casos - una
preparación básica que luego requiere de desarrollo y práctica. Precisamente,
muchos policías se encuentran con que estos cursos de estrés policial resultan
después de difícil aplicación práctica, y no porque la formación en sí no sea
buena, sino porque a) no se aplica a la propia especificidad del trabajo
policial y/o b) no se ha realizado posteriormente un adecuado seguimiento para
trabajar e interiorizar adecuadamente las técnicas aprendidas.
El estrés es también
uno de los causantes directos de los problemas de actitud que puede mostrar el
policía en su trabajo. Diversos estudios han demostrado que las diferentes
situaciones a las que debe enfrentarse el agente en su actividad cotidiana,
unido al poco margen de actuación que pueden tener según sea el caso, pueden
alimentar actitudes de cinismo (disposición a no creer en la sinceridad o
bondad humana, ni en sus motivaciones y acciones, así como una tendencia a
expresar esta actitud mediante la burla y el sarcasmo). Este tipo de actitudes
erosionan la motivación, con un efecto directo sobre la calidad del trabajo
policial y la satisfacción que el agente experimenta llevándolo a cabo.
Aunque es un tema muy
manido y hablado hasta la saciedad, la realidad es que se han realizado pocas
actuaciones reseñables para abordar en profundidad el estrés policial. La
formación puntual no es suficiente. Hay que profundizar en las raíces, en las
causas específicas propias del estrés policial para poder proponer
intervenciones eficaces. Pero no sólo eso. El conocimiento de estas causas (y
ya disponemos de mucha información al respecto) pueden variar dependiendo del
entorno en el que realiza el agente su trabajo. Es decir, que los estresores
potenciales variarán de un lugar a otro, de una comisaría a otra. Lógicamente
hay muchos estresores policiales que se solapan, pero debemos conocer bien las
características específicas del lugar en el que vamos a intervenir para enseñar
a los agentes a controlar el estrés que le genera, tanto su trabajo en la
calle, como en la comisaría.