martes, 8 de julio de 2014

FORMACIÓN POLICIAL EN ANDORRA

A finales del mes pasado tuve la oportunidad de impartir un curso a los nuevos integrantes de la Policía del Principado de Andorra. No es la primera vez que tengo la ocasión de compartir experiencias con la policía de este precioso país. Pero esta vez, fue diferente. Saber que has podido aportar algo a los nuevos profesionales de la seguridad de un país, te llena de satisfacción. Y no solamente por los conocimientos, sino por los nuevos amigos y amigas que dejas detrás.
Durante la formación revisamos y practicamos técnicas de intervención:




  • Casos de suicidio.
  • Personas con enfermedad mental crónica que se niegan a la toma de medicación.
  • Actuación en situaciones de violencia de género y abuso sexual.
  • Técnicas de comunicación táctica policial.
  • Técnicas de autocontrol emocional durante las intervenciones en la calle...
La ilusión y ganas de aprender de estos recién estrenados policías fue contagiosa, y fue la clave para que todos termináramos aprendiendo de los dos días que pasamos juntos.
De verdad. Gracias a todos y a todas.

viernes, 27 de junio de 2014

PREOCUPANTE ÍNDICE DE SUICIDIOS EN LA GUARDIA CIVIL

Guardia Civil


La tragedia oculta de la Guardia Civil: 447 suicidios desde 1982, uno cada 26 días.

  • En 2012, la tasa de suicidios en la Benemérita (14,5%) duplicó a la de la población (7,5%); en 1994 era siete veces mayor.
  • Un estudio de la AUGC revela que el 26% de los entrevistados ha pensado alguna vez en suicidarse, el 21% lo planificó y el 4% lo intentó.
  • La Guardia Civil señala que los datos más fiables son desde 2005, cuando entró en vigor el II Plan de Prevención: 116 suicidios y 52 intentos 
  • "Nuestra diferencia con la población civil es que tenemos acceso rápido a un medio letal, como es una pistola"
  • La Benemérita asegura que son de los pocos cuerpos policiales con un plan de prevención, que ha ayudado a 500 agentes en situación de riesgo.
Toda la noticia en: http://www.20minutos.es/noticia/2152616/0/suicidios-guardia-civil/plan-prevencion-conductas/

Os remito a este comentario que hice en el blog: https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=3539486876165482651#editor/target=post;postID=5774609547010782053;onPublishedMenu=allposts;onClosedMenu=allposts;postNum=11;src=postname


domingo, 25 de mayo de 2014

ALGUNAS FOTOS DE LA PRESENTACIÓN EN LA ACADEMIA DE POLICÍA DE ÁVILA DEL LIBRO "LA REALIDAD DE LOS ENFRENTAMIENTOS ARMADOS"







"TODAVÍA NO SÉ POR QUÉ NO DISPARÉ". ENTREVISTA EN EL DIARIO DE ÁVILA


En la línea de fuego’ es un libro escrito por Ernesto Pérez Vera y Fernando Pérez Pacho. El primero es un Policía Local de La Línea de la Concepción e instructor de tiro. Retirado del servicio activo, precisamente por una situación de las que se describen en el libro. El es, precisamente, también uno de los protagonistas de esta historia. Fernando Pérez Pacho es psicólogo clínico que ha trabajado durante más de 30 años formando a miembros de los cuerpos se seguridad y personal de intervención en situaciones de crisis y emergencia, jefe del Servicio de Salud Mental de Menorca. Los dos autores estuvieron el pasado miércoles en la Escuela Nacional de Policía presentando su libro. En la siguiente entrevista los autores hablan de su obra.
¿Cómo surgió la idea de escribir un libro juntos?
-Ernesto. Fernando y yo nos conocimos leyéndonos mutuamente. Fernando administra un blog sobre psicología policial y escribe cosas que eran de interés para mí como policía e instructor de tiro y apasionado de la policía. Leía lo que escribía y se ve que él leyó también algún artículo mío. En un viaje que realizó a Cádiz para dar un curso a los controladores aéreos sobre estrés me propuso escribir este trabajo cuyo resultado final es este libro que nos ha comprado los derechos el grupo Anaya a través de la editorial Tecnos.
¿Cuánto tiempo les ha llevado la realización de este trabajo?
Fernando. Han sido dos años de recopilación de información, entrevistas con policías y de buscar el tono de lo que queríamos decir. Una cosa es tener la idea general y otra cosa es plasmarla en algo concreto. El desarrollo de lo que queríamos hacer en cada capítulo es lo que nos ha llevado más tiempo.
¿Cuántos entrevistados aparecen en el libro y cuantas historias cuentan?
E. Son 27 entrevistados y 22 historias. Hay capítulos en las que se han entrevistado a varios actuantes. Hay un caso en el que entrevistamos a tres actuantes, tres policías que se enfrentan al mismo agresor. Cada uno nos cuenta lo que vio y lo que sintió, estando los tres a dos metros de un individuo que esgrimía un arma blanca contra ellos. Uno cuenta una cosa. Otro lo vio desde otro punto de vista y hubo uno que fue el que sacó su arma de fuego y disparó. Fue quien vio la citación más contundente. Ese capítulo se llama ‘Todavía no sé porque no disparé’. Había uno que nos comentó que todavía hoy no entendía la situación porque él fue el primero en llegar, el primero en sacar la pistola, el primero en empuñar, en encañonar al  agresor, en decirle que soltara el cuchillo. Pero, ¿porqué el último que llegó fue el que disparó? Otro nos contó que sacó la pistola porque vio a su compañero sacar el arma, pero que todavía no había visto el cuchillo del otro, pero como vio a su compañero con una pistola en la mano, él  lo imitó. Cuando vio que su compañero la guardó, también lo imitó, pero cuando vio que la volvió a sacar, él otra vez volvió a sacarla por imitación.
¿Qué conclusiones han  sacado después de estos dos años de trabajo que han culminado en este libro?
E. Para empezar, creo que la mayoría de los policías no estamos preparados técnicamente, tampoco psicológicamente para enfrentarnos a otra persona que quiera acabar con nuestras vidas. Incluso aquellos policías de unidades especiales que tienen un entrenamiento exquisito también pueden verse afectados por la metamorfosis fisiológica que sufre el ser humano que ve ante sí a  una persona que quiere quitarte la vida. Tenemos contrastados varios casos en el libro de policías extremadamente entrenados que respondieron o mal o tarde. Pero eso no quiere decir que haya que echarles la culpa a ellos de nada. Una cosa que me ha quedado clara es que la psicofisiología se impone incluso al mejor de los adiestramientos. La reacción sorpresiva puede llegar a bloquear incluso al mejor preparado. En este libro hay casos muy concretos.
F. La evolución no nos ha hecho valientes. Es bueno ser cobarde para poder sobrevivir. Al fin y al cabo el policía cuando está en un enfrentamiento armado básicamente corre peligro su vida y lo que le dice la biología es «sal corriendo». Pero de alguna manera ese estrés lo tiene que sobrellevar y aprender a tener una respuesta eficaz y eso es lo que hemos aprendido. Quizás ese tránsito entre el miedo, el estrés y la respuesta eficaz dista mucho de producirse en muchos casos y muy probablemente esto venga producido por el hecho en que quizás el policía, en general, no esté lo suficientemente bien preparado para afrontar estas situaciones en las que su vida puede correr peligro; es decir, luchar contra su biología que le dice, «sal corriendo y evita el peligro».
¿Qué tipo de situaciones límite le ha tocado vivir a los protagonistas del libro?
-E. A mí me impactó uno de los capítulos, el número 17 en concreto. Un funcionario de policía con varios años de servicio. Una persona joven a la que se le supone un entrenamiento por encima de un policía que ya es más veterano y mayor. A las diez de la mañana este compañero entró en una vivienda en la que parecía que se escondía una persona que esta buscada por malos tratos y que podría estar infligiendo malos tratos a su propia madre. Cuando los policías entraron se encontraron con un pasillo de tres metros de longitud en el que aparecía el individuo al que pretendían buscar y con el que se querían entrevistar, pues no estaba todavía claro que fueran a detenerlo. Este individuo apareció esgrimiendo un cuchillo en cada una de sus manos. El policía confesó que cuando lo vio acercarse a él se dijo, «esto no va conmigo. Se parará. Sabe que lleva una pistola… No llegará». Pero llegó. El policía no reaccionó, no sacó la pistola. Por instinto agarró con sus manos las hojas de los dos cuchillos de cocina, que tenían de más de veinte centímetros de hoja. Por suerte, y por precaución se había puesto los guantes anticorte que solemos llevar los policías prendidos de nuestro cinturón. Evitó lesiones graves en las palmas de las manos, aun así se llevó heridas muy graves en sus extremidades superiores. No es el único caso que tenemos de policías agredidos y lesionados gravemente con arma blanca. Pero este me impactó sobremanera. Yo también me he enfrentado a personas armadas con arma blanca, pero siempre a una persona armada con un cuchillo. Este llevaba dos. Esto creo que incluso al más preparado le va a provocar un shock.
¿Cuáles fueron las reacciones de los agentes ante estas situaciones límites que les tocó vivir?
F. Hay algunas que se repiten. La más frecuente es la de sorpresa. Cuando te pasa te lo encuentras de golpe, de repente. Piensas lo que han pensado muchos policías: «Esto no me puede estar pasando a mí». Lo ven como una situación irreal. Incluso a veces son muy rápidos este tipo de enfrentamientos. Las reacciones psicofisiológicas más frecuentes suelen ser las de congelación, quedarte parado durante unos minutos o durante toda la acción. Muchos durante unos minutos quedan pensando qué van a hacer a continuación por la sorpresa que les causa. También suele aparecer la llamada  visión de túnel; es decir,  solamente centras tu atención en el peligro que tienes delante y olvidas lo que ocurre a tu alrededor. A veces ocurren cosas que luego después el policía no recuerda. Otra de las experiencias más frecuente es también percibir que las cosas ocurren como a cámara lenta, más despacio de lo normal, cuando en realidad están ocurriendo a una velocidad normal. Posteriormente después del enfrentamiento armado muchos de ellos no se han sentido en absoluto apoyados ni por sus compañeros ni por sus mandos. Probablemente  ninguno de ellos habría estado en un enfrentamiento armado. Sin embargo, se han permitido cuestionarle, hacer bromas a su costa, reirse de ellos porque no han acertado al atacante, o han dudado, etc. Toda esta situación lo que hace es aumentar todavía más el malestar que luego experimenta esta persona.
¿Estas personas que han sufrido estos enfrentamientos con el tiempo han conseguido recuperarse?
F. La mayoría con el tiempo consiguen recuperarse. Pero la velocidad de recuperación ha variado conforme al apoyo que hayan tenido de compañeros y superiores.
A la vista de la experiencia, ¿creen que la formación que reciben los miembros de los cuerpos de seguridad es suficiente para enfrentarse a este tipo de situaciones?
E. No. Contundentemente no. En unos cuerpos es mejor que en otros. Pero en cualquier caso, en el mejor de ellos es escasa, poco real, poco práctica. Realizan una formación que no se acerca a la realidad de los enfrentamientos armados. Necesitaría olvidar muchos prejuicios. En las academias de policías de todos los cuerpos se nos inculca demasiadas veces que nunca hay que llevar cartuchos en la recámara, cuando se ha demostrado y en el libro se puede ver que aquellos que llevaban cartuchos en la recámara, el arma presta para el disparo inmediato, súbito, supieron responder antes y mejor al enfrentamiento. Otros no, porque llevaban el cartucho en la recámara, pero no estaban entrenados para llevarlo. El llevarlo ahorra tiempo de respuesta. Habría que abandonar muchos tabúes y alejarse de las leyendas urbanas. Sacar el arma no es un delito, siempre que lo saques justificadamente.
¿Están expuestos a este tipo de situaciones algún tipo determinado de agentes?
E. Todos los policías están expuestos, no solo el patrullero. Recuerdo el caso, que no está en el libro, de un compañero, un policía local que notificaba infracciones, multas, citaciones. En una situación de estas se encontró con un delincuente y se lo cargaron. Ese hombre no llevaba ni pistola, porque como era el citador… Todo el mundo está expuesto. Tenemos casos de policías fuera de servicio en el libro. Un policía que acaba de ingresar en el cuerpo y se va a incorporar a la plantilla, por lo que se fue a celebrarlo con los compañeros. Se encuentra con una riña entre un policía veterano y un delincuente. Este compañero no sabe que es un delincuente. Ve que se está peleando con el compañero. Se identifica y le meten un tiro.
F. Lo que está claro que los malos no siguen el guión en esto de la respuesta y el entrenamiento,. Tu puedes entrenar lo que tu quieras en el campo de tiro, pero los malos no van a estar ahí para actuar conforme a lo que tu has entrenado. Son imprevisibles, son repentinos, están en movimiento, te disparan a ti. En un campo de tiro todas esas situaciones no las reproduces. Creo que como se está haciendo en otros cuerpos y en otros sitios, hay que acondicionar los entrenamientos a contextos realistas. El entrenamiento debería ser algo progresivo y continuado. Existen muchas técnicas psicológicas de visualización que tratan de reproducir mentalmente situaciones que te puedes encontrar en la vida real. De hecho, las empleamos en psicología desde hace décadas para curar determinados problemas. Las técnicas de visualización se están utilizando con el ejército norteamericano porque se dan cuenta de que los soldados tienen verdaderos problemas cuando entran en combate. Se encuentran luego con graves problemas posteriores. Por otra parte, hay que enseñar al policía a tener miedo. El miedo es bueno, no es malo. El problema no es tener miedo, es que te quedes paralizado. Tener miedo es lo normal. Creo que la cultura policial todavía hoy tiene estigmatizada el miedo. Si tienes miedo eres un cobarde. Hay que tener un par de huevos... Un par de huevos no funciona hoy en día cuando estás en la calle. Tienes que tener entrenamiento, preparación y mentalización y eso se consigue a base de un entrenamiento específico, constante y adecuado. Al fin y al cabo hablamos de la vida de la gente, no hablamos de ninguna tontería.
¿Se pueden educar este tipo de  reacciones?
-F. No todas, porque hay mil circunstancias que pueden incidir. Pero por ejemplo, cuando un policía está muy nervioso, lo primero que pierde es el movimiento fino, el movimiento de los dedos para apretar el gatillo. Porque básicamente lo que hace nuestro cuerpo es prepararnos para correr y para golpear. Si no se educa a un policía a manejar un arma en situaciones de estrés  no podrá enfrentarse en este tipo de situaciones, incluso para cambiar un cargador o quitar el seguro, son segundos que te pueden costar la vida y el miedo puede bloquear e impedir que el agente lo haga con la rapidez necesaria.

FERNANDO PÉREZ PACHO ANALIZA LOS EFECTOS DE UN TIROTEO

El psicólogo con 30 años de experiencia y colaborador de Menorcaaldia.com, Fernando Pérez Pacho, acaba de sacar al mercado su primer libro. Se trata de “En la línea de fuego: La realidad de los enfrentamientos armados”. El manual lo ha escrito junto al policía responsable del Grupo Especial de Seguridad Ciudadana Ernesto Pérez. En sus páginas desgranan las situaciones de conflicto en los que agentes de policía o escoltas han tenido que enfrentarse a personas violentas y se han visto envueltos en tiroteos o situaciones de alto riesgo físico. El libro lo publica la Editorial  Tecnos.

Enlace de la noticia: http://menorcaaldia.com/cultura/fernando-perez-pacho-analiza-los-efectos-de-un-tiroteo/25363


domingo, 4 de mayo de 2014

ENFRENTAMIENTOS ARMADOS: NUEVO LIBRO

¡También ocurre aquí!
Se suele decir que nunca pasa nada y que esas cosas solamente ocurren en Estados Unidos, en el cine y en las series de televisión, pero no es verdad. Conozca testimonios y manifestaciones que nacen de policías locales, autonómicos, nacionales, guardias civiles e incluso de agentes privados. Todos fueron brutalmente agredidos. Muchos resultaron heridos de gravedad, otros presentaron lesiones de menor entidad y algunos incluso regresaron ilesos a sus casas. En unos casos los ataques fueron ejecutados por indeseables seres inhumanos y, en otros, lamentablemente, por enfermos mentales. Algunos de los que han confiado a los autores tan íntimas y vitales experiencias consiguieron abatir a sus agresores, acabando en ocasiones con sus vidas o hiriéndolos para neutralizar el riesgo. Porque sepa una cosa: no es lo mismo verse en la línea de tiro de la galería, que en la línea de fuego de la realidad de la calle.

AUTORES: ERNESTO PÉREZ VERA  Y FERNANDO PÉREZ PACHO
EDITORIAL: TECNOS (GRUPO ANAYA)


martes, 15 de abril de 2014

¿POR QUÉ ALGUNAS MUJERES SIGUEN CONVIVIENDO CON SUS MALTRATADORES?

¿Por qué una mujer sigue con su pareja a pesar de estar recibiendo malos tratos severos? Muchos policías y otros profesionales se hacen esta pregunta u otras similares. La lógica parece dictar que una mujer que está recibiendo malos tratos dejará rápidamente a su pareja para buscar la seguridad en su familia, la policía, los servicios sociales, etc. Pero la lógica se suele dar de cabeza con el cúmulo de emociones con las que mantiene una relación de amor- odio.
El policía recibe un aviso para personarse en un domicilio en el que se sospecha puede estar siendo agredida una mujer. ¿Cuántas veces no ha intentado sin éxito ese policía que la mujer se decida a dejar la relación y/o denuncie el maltrato? Una de las emociones más frecuente que acompaña en este tipo de intervenciones es la frustración. Frustración que siente el agente al marcharse del domicilio con la certeza de que, por desgracia,no será la última vez que vea a esta mujer.
¿Qué hace que una mujer siga conviviendo con un maltratador incluso durante décadas? La respuesta no es sencilla.
Se han propuesto varias teorías para explicar este comportamiento a simple vista contradictorio. Hoy hablaremos de una de ellas: la denominada Indefensión Aprendida, de Martin Seligman.
Esta Teoría se formuló Inicialmente para la depresión. Seligman estudió el extraño comportamiento que mostraban algunos presos durante las guerras de Corea y de Vietnam. Una vez en cautividad, algunos de estos prisioneros -en principio preparados para soportar duras circunstancias adversas -, abandonaban toda resistencia y se dejaban caer en un estado de depresión profunda. Algunos de estos casos terminaban con la muerte del prisionero. Seligman se preguntaba por qué soldados jóvenes, muchos con buen entrenamiento, se abandonaban hasta el punto de la inanición y la muerte. Así nace la teoría de la Indefensión Aprendida.
Seligman postula que, cuando entramos en depresión, lo hacemos de una manera progresiva. Aunque empezamos a sentirnos mal, intentamos seguir con nuestra vida diaria, haciendo cosas que mejoren nuestro estado de ánimo. Pero, a medida que la depresión se va intensificando, vamos dejando las actividades cotidianas, no cuidarnos nuestro aspecto físico, apenas salimos de casa, etc. Seligman teoriza que la persona que se encuentra en estas circunstancias se abandona a toda actividad y esperanza porque está convencida de que nada de lo que haga cambiará su situación.
Es en este punto que el sufrimiento emocional es más elevado y cuando los pensamientos de suicidio cobran más fuerza. Una prueba de que la persona deprimida se encuentra en esta fase la tenemos menudo cuando le animamos a que salga, vaya al cine o cualquier otra cosa. Lo que suele contestarnos es, ¿Para qué?   Es decir, ¿para qué, si nada de lo que haga cambiara mi situación?
Cuando la mujer sufre el primer episodio de maltrato, la reacción concomitante es la sorpresa: le resulta imposible admitir que la persona que más quiere, en la que ha depositado toda su confianza y con quien ha hecho sus planes de futuro, haya actuado de esta manera. Su cerebro es incapaz de procesar esa información de manera que le proporcione una explicación satisfactoria. Porque necesita una explicación para lo ocurrido.
Durante esta búsqueda de posibles causas para la agresión (de una explicación), no será extraño que se vea a si misma como responsable de ataque. Para evitar un nuevo golpe, tratará de "portarse mejor", cambiando conductas de forma aleatoria. Pero esto solo sirve para que compruebe que las agresiones no tienen nada que ver con lo que ella hace. Cualquier situación, excusa o estado de ánimo del agresor pueden ser suficientes para iniciar un episodio de maltrato.
Por más que lo intenta, la mujer no puede impedir que las agresiones continuen. A partir de un momento determinado, esta mujer decide que nada de lo que haga cambiará su situación. La depresión no tardará en llegar. Se irá abandonando y renunciará a toda resistencia entrando de lleno en lo que se denomina Indefensión Aprendida.
Esta es la clave de la Indefensión Aprendida: el íntimo convencimiento de que no hay nada que  hacer para que las cosas mejoren y acabe nuestro sufrimiento. Seligman formulaba que: "La indefensión es el estado psicológico que se produce frecuentemente cuando los acontecimientos son incontrolables. ¿Qué significa  el que un acontecimiento sea incontrolable?  Un acontecimiento es incontrolable cuando no podemos hacer nada para cambiarlo;  cuando hagamos lo que hagamos siempre ocurrirá lo mismo'.'
Siguiendo esta teoría, experimentar repetidos malos tratos, disminuyen la motivaciónde la mujer para responder, llegando a comportarse de forma totalmente pasiva. Ahora está convencida de que nada de lo que haga acabará con un resultado favorable, sea o no sea esto posible.
Algunos autores como Walker han sugerido que los sentimientos de indefensión en mujeres maltratada podrían debilitar la capacidad general de solución de problemas y la motivación para afrontarlos, favoreciendo de esta forma la permanencia de la mujer en la relación violenta.