domingo, 24 de julio de 2016

SUICIDIO DE UN GUARDIA CIVIL EN NAVARRA

La AUGC comunica el suicidio de un guardia civil en el destacamento de Tráfico de Noáin


EN LOS VESTUARIOS - La Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) comunicó ayer el suicidio de un compañero en las instalaciones del destacamento de la Agrupación de Tráfico en Noáin. El cabo, destinado en la oficina de la Plana Mayor, acababa de regresar de pasar unos días de vacaciones en Córdoba y ayer era su primer día de trabajo, según precisaron fuentes de la citada asociación, que aludieron a supuestos motivos personales. Dichas fuentes señalaron que el agente, que estuvo destinado con anterioridad en la localidad cordobesa de Peñarroya, acudió a primera hora de la mañana a los vestuarios del destacamento de Noáin, donde se quitó la vida de un disparo. - D.N.

Fuente de la noticia: http://www.noticiasdenavarra.com/

Esto parece que se está convirtiendo en una epidemia. ¿Alguna iniciativa para tratar de prevenir, en la medida de lo posible, estas situaciones tan tristes? 

jueves, 7 de julio de 2016

ESTRÉS POLICIAL: ASIGNATURA PENDIENTE

Hace ya algunas décadas que la literatura  científica se ocupa y se preocupa del estrés policial. Parece ya un hecho bien establecido que ser policía te coloca automáticamente entre las profesiones que más estrés generan. El estudio del estrés policial se ha realizado, fundamentalmente, desde los grandes grupos de estresores: aquellos que se producen dentro de la organización (relaciones con compañeros y mandos, tipo de trabajo, turnos, ambiente laboral, etc.), y aquellos otros que se producen “puertas afuera de la comisaría” (relaciones de pareja, enfrentamientos armados, encuentros violentos, etc.).
En lo que estamos casi todos de acuerdo es que – y por decirlo de una manera general – nuestros policías se estresan más dentro de la comisaría que fuera de ella. También estamos de acuerdo en que los policías afrontan situaciones estresantes cada día; situaciones que van desgastando a los policías de una manera lenta, pero segura. Cada vez hay más profesionales de distintos ámbitos ocupados en estudiar en profundidad las causas del estrés policial y las posibles maneras de manejarlo. Esta preocupación aumenta, si cabe, al ir conociéndose los terribles datos que ponen sobre la mesa la fría realidad del suicidio de un policía cada 15 días.
Lo paradójico de todo esto es que, fuera del ámbito científico, no parece que sea un tema que se aborde con igual tenacidad desde los propios ambientes policiales. Y me refiero a los ámbitos de dirección desde donde se podrían tomar medidas al respecto.
Hace un par de semanas impartía una charla sobre estrés a un grupo de policías. Hablábamos de las causas, reacciones ante el estrés y todo eso. También hablábamos del suicidio y de cómo reconocer en un compañero/a las señales de que nos puedan avisar de la posible ocurrencia de problemas. Yo les decía que ellos son los primeros en poder poner sobre aviso a sus superiores, servicios médicos, etc., la situación para poder tomar medidas preventivas. A partir de aquí se generó un interesante debate que me abrió los ojos a cómo están las cosas en realidad.
A los policías allí presentes la teoría les parecía muy buena, pero la práctica ya era otra cosa. ¿A quién tengo que comunicarlo? ¿Y si me dicen que me meto donde no me llaman? ¿Y si pasan de mí? ¿Y si mi compañero/a se enfada conmigo por haber hablado de temas privados suyos? En un ambiente laboral en el que decir que padeces estrés está casi proscrito, se torna muy difícil, además, ocuparse de los problemas emocionales de los demás. Con todo el sentido común del mundo, estos policías allí reunidos comentaban la dificultad real que supone poner en conocimiento de algún responsable este tipo de situaciones.
Cuando el entorno laboral no está preparado para asumir con normalidad los problemas emocionales/estrés que se producen, algo está fallando en la estructura general de funcionamiento.
Cada vez más se reconoce la importancia de abordar directamente y de forma preventiva los problemas de estrés, depresión, etc., que se producen en el colectivo policial, pero esta importancia choca de lleno con mentalidades muy arraigadas en la cultura policial que fruncen el entrecejo cuando escuchan cosas como “baja psicológica” o que este u otro policía sufre de ansiedad. No reproduciré aquí los apelativos de mal gusto que se suelen emplear para referirse a estos agentes.
A la vista de semejante panorama, uno entiende perfectamente que a los policías les cueste decir que padecen estrés, y que tratar de ayudar a un compañero/a pueda terminar resultando una empresa harto complicada.

El primer paso para resolver un problema consiste en reconocer su existencia.

  • Es necesario reconocer que determinado niveles de estrés forman parte inherente del trabajo policial y que, por esta misma razón, hay que aprender a gestionarlo de forma eficaz. Esto pasa por formar al policía en técnicas de afrontamiento del estrés.
  •  No todo estrés es intrínsecamente “malo”. Determinadas dosis de eustrés (o estrés bueno) son necesarias para estimularnos en el trabajo y en nuestros deseos de afrontar desafíos y nuevos retos.
  • Urge establecer mecanismos de comunicación adecuados y que aseguren la confidencialidad para que el agente pueda hablar de sus problemas emocionales en la confianza de que va a recibir ayuda y no el silencio, el menosprecio o el juicio de valor de quienes tendrían que ayudarle. También habría que facilitar estos canales de comunicación para poder prevenir la ocurrencia de problemas graves a quienes no se animan a hablar del tema.
  • Nuestros policías no son robots. Sienten y padecen como cualquier hijo de vecino. Sin embargo, la cultura policial  tradicional desanima toda  expresión de emociones, viéndolas como muestras de debilidad.
  •  De manera poco realista se exige al policía un pleno autocontrol en lo que se refiere a sus emociones. Mientras que en algunas de las interacciones que lleva a cabo por su profesión este autocontrol es deseable, esta exigencia también está presente de forma más o menos explícita, al hablar de cómo se ha sentido ese policía antes, durante y después de una intervención especialmente dura. Con el tiempo, el policía aprende que sólo ante los más compañeros más cercanos ese policía reconocerá haber sentido miedo, rabia, lástima o haberse quedado congelado.
  •  Muchas intervenciones generan un fuerte estrés en el policía. Se supone que tiene que saber “desconectar” cuando termina la jornada laboral. Como no suelen existir mecanismos para canalizar el estrés experimentado durante la jornada laboral, el malestar se traslada a la vida personal y familiar, convirtiéndose en un círculo vicioso que  se retroalimenta, pudiendo llegar a perjudicar seriamente la relación de pareja, etc.

Seguramente se quedan muchas cosas en el tintero, pero todo lo que sabemos clama por replantearnos cómo se están haciendo las cosas. Cuidar la salud emocional de nuestros policías es una inversión en la que todos ganamos. 

domingo, 22 de mayo de 2016

POLICÍAS QUE SE SUICIDAN. ¿ESTAMOS HACIENDO ALGO?

Cada 15 días se suicida un Policía Nacional

Alfredo Perdiguero, director general del SIPE, pide soluciones en GACETA.ES: "Los suicidios son una lacra que ni este Gobierno ni el anterior han querido admitir y tratar".
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Esta noticia, de hace unas semanas, nos recuerda que hay varias asignaturas pendientes en el ámbito de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Un policía fallecido cada 15 días por suicidio y empleando generalmente su arma reglamentaria, supone una seria llamada de atención. La pregunta no es si hay algo que estemos haciendo mal, sino algo aún más grave, y es: ¿qué no estamos haciendo?.
La cultura policial tradicional siempre se ha mostrado  reacia a hablar de los riesgos que un trabajo como el de policía puede suponer para la salud mental. Además, como ser humano que es (aunque haya quienes pretenden deshumanizar la figura del policía), tampoco se encuentra ajena a los problemas que tienen que enfrentar cualquier ciudadano de a pie: rupturas sentimentales, depresión, problemas económicos, etc.
Pero, ¿quién cuida de la salud emocional del policía? ¿Existe algún protocolo de intervención en materia sanitaria para asegurar la detección e intervención rápida ante posibles problemas emocionales del agente? Los mismos policías son los primeros que pueden detectar el desarrollo de posible problemas en un compañero, ¿se imparte formación entre los agentes en este sentido?
El silencio y la negación de los problemas no hará que los problemas se resuelvan solos. Una vez cada 15 días, un policía decide que acabar con su vida es la única respuesta a los problemas que le atenazan. ¿Seguiremos sin hacer nada?
Fernando Pérez Pacho

domingo, 6 de marzo de 2016

CHARLA EN IBIZA SOBRE ESTRÉS POLICIAL

El día 2 tuve la oportunidad de impartir una charla sobre estrés policial en la comisaria del CNP en Ibiza. Fue una experiencia muy positiva, tanto por el intercambio que se produjo con los asistentes  como por la calidez de la atención que me dispensaron los amigos del CEP, pendientes en todo momento. Os dejo algunas fotos del evento.






martes, 29 de septiembre de 2015

JORNADA SOBRE ENFRENTAMIENTOS ARMADOS EN SANTANDER

El día 25 de septiembre tuve la oportunidad, junto con el coautor del libro Ernesto Pérez Vera, de comprobar la tremenda hospitalidad de los amigos de Santander, con su Policía Local al frente. En un lugar tan hermoso como el pueblo de Solares, presentamos nuestro libro y estuvimos departiendo sobre balística, estrés de combate y las reacciones de los protagonistas de los capítulos de nuestros libro; policías españoles que tuvieron la dudosa fortuna de enfrentarse a la muerte en condiciones muy difíciles. Mi mayor agradecimiento a todos ellos. 
Os dejo unas fotografías del evento.
Especiales saludos para Emilio por la perfecta organización de la Jornada, y para Juanma y Chema un afectuoso abrazo: os portasteis como jabatos.





jueves, 13 de agosto de 2015

EL ENTRENAMIENTO DEL POLICÍA CONTRIBUYE A EVITAR MUERTES


He traducido este artículo sobre el entrenamiento policial por si os resulta de interés. Está escrito desde la perspectiva norteamericana, por lo que hay que tener en cuenta la idiosincrasia del quehacer policial en ese país. Disculpad los posibles errores de traducción.


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Ha habido muchas vidas perdidas en acciones policiales. Demasiadas llamadas de teléfono informando a familiares que sus seres queridos, especialmente hombres negros jóvenes, no volverán a casa. Pero, en la mayoría de los casos, ello no se debe a que los agentes de policía de forma individual sean racistas o piensen que las vidas de los negros no importan. Esto ocurre porque el policía funciona de la forma que le han enseñado a funcionar.

Habiendo servido como agente en un departamento muy grande de la policía municipal, y ahora como investigador en el ámbito policial, estoy muy familiarizado con el entrenamiento policial. No sólo me baso en mi propia experiencia. He mantenido muchas conversaciones con agentes, veteranos, instructores de tiro, etc, y todos han llegado a la misma conclusión: los agentes de policía norteamericanos se encuentran entre los mejor entrenados del mundo, pero lo que les han entrenado a hacer es precisamente parte del problema.

El entrenamiento de policía comienza en la academia, donde se enfatiza tanto en el concepto de la seguridad del agente que se convierte en un tema casi religioso. A los agentes novatos se les enseña lo que se conoce ampliamente como "la primera regla del policía": el objetivo más importante es llegar a su casa cada día sano y salvo al acabar su turno. Pero los policías viven en un mundo hostil. Aprenden que cada encuentro, cada persona puede ser una amenaza potencial. Siempre deben estar en guardia "por si las moscas " .

A los agentes no sólo se les habla de los riesgos que tienen que afrontar. También se les muestran películas de situaciones reales, dolorosamente realistas que muestran a otros policías cómo son abatidos, golpeados, desarmados o heridos tras haber mostrado dudas o no haber prestado la atención suficiente. se les dice que el principal culpable de lo que se ve en el video no es el delincuente, sino la falta de vigilancia por parte del agente. Y mientras los policías escuchan las últimas y desesperadas llamadas del agente a la central, todos y cada uno de los agentes presentes piensan exactamente lo mismo: "Nunca dejaré que esto me pase a mí." Este es el tema central del entrenamiento.

Otras lecciones importantes se muestran en los ejercicios prácticos. En uno de los escenarios más habituales se muestra a los agentes que un sospechoso que sube a un coche puede sacar un arma y comenzar a dispararles sin darles tiempo o reaccionar. En otra práctica se les enseña que aunque el agente está apuntando con su arma a un sospechoso que se encuentra de espaldas, éste puede girarse y dispararle primero. En otro ejemplo se enseña al agente que un sospechoso portando un cuchillo a una distancia de 6 metros puede correr hacia el policía y comenzar a acuchillarle antes de que pueda desenfundar su arma. Puede haber algunas variaciones, pero las lecciones son siempre las mismas: la duda puede ser fatal. Así, se entrena a los policías a disparar antes de poder comprobar la existencia de una amenaza, a no esperar hasta el último minuto ya que el último minuto puede su demasiado tarde.

Pero, ¿qué ocurre con las consecuencias de una equivocación? Después de todo. el objeto oscuro en las manos del sospechoso podría ser un monedero y no un arma. El escenario de entrenamiento puede que haya incluido esta posibilidad. Pero al agente se le ha enseñado que los riesgos de una equivocación son mucho menores que los riesgos de una duda. Entre los policías se suele decir que "mejor ser juzgado por 12 que llevado por 6.

En la mayoría de los tiroteos policiales, los agentes no disparan como consecuencia del enfado, la frustración o el odio. Disparan porque tienen miedo. Y tienen miedo porque están siendo bombardeados con el mensaje de que deben tener miedo porque su supervivencia depende de ello. los agentes, no sólo escuchan esto en el entrenamiento formal, sino también lo escuchan de sus supervisoresy agentes más veteranos. Hablan de ello con sus compañeros. lo leen en foros y publicaciones policiales.

Las acciones de los policías se fundamentan en sus expectativas, y normalmente se les enseña a esperar lo peor. los policías que dispararon John Crawford creyeron con toda seguridad y honestidad que el hombre estaba alzando su rifle hasta una posición de disparo aunque las cámaras de seguridad muestran con claridad que lo que sujetaba era el teléfono, casualmente balanceando tu arma de aire comprimido adelante y atrás. Lo mismo se puede decir del policía de Phoenix que disparó a un hombre desarmado porque pensó, erróneamente, que llevaba un arma en la cintura. Estos policías vieron lo que temían ver. Vieron lo que estaban entrenados a ver. Hicieron aquello que les habían enterrado a hacer. Ese es el problema.

El entrenamiento del policía necesita ir más allá de enfatizar la gravedad de los riesgos, teniendo en cuenta la probabilidad de que tales riesgos se materialicen . A lo largo de los últimos 10 años, una media anual de 51 policial han sido asesinados en acto de servicio, según datos aportados por el FBI. En el mismo periodo de tiempo, una media de 57. 000 agentes fueron atacados cada año (aunque sólo en el 25 % de los casos el agente fue herido). Pero, a pesar de todos estos riesgos, el trabajo policial es más seguro ahora de lo que lo ha sido nunca. Los ataques violentos a policías, especialmente aquellos que implican una amenaza física seria, son reducidos, y más ni tenemos en cuenta que los policías interactúan con los ciudadanos cerca de 63 millones de veces al año. Si hablamos de porcentajes, se ataca a los policías en un 0. 09% de todas las in acciones. Adaptar el entrenamiento del policía a estas estadísticas no minimiza el riesgo muy real al que se enfrenta el policía, pero ayuda a poner estos riesgos en perspectiva. Hay que entrenar a los agentes a mantener la perspectiva durante el trabajo.

El entrenamiento también debe servir para compensar los sesgos raciales inconscientes que llevan a los policías a valorar como más amenazantes a los ciudadanos negros que a los de otras razas. No sólo los policías funcionan de esta manera, ya que los prejuicios raciales se encuentran muy imbricados en la sociedad. Sin embargo, si que es un tema de especial preocupación en el ámbito policial. Debido a que el policía hace mayor uso de la fuerza cuando la percepción de la amenaza es también mayor, los sesgos o prejuicios inconscientes pueden llevar al agente a reaccionar de manera más agresiva cuando intervienen con hombres de raza negra que cuando lo hacen con ciudadanos de días razas y en circunstancias similares Como ya hemos visto en numerosas ocasiones, los resultados pueden ser más que trágicos. Aunque puede resultar prácticamente imposible eliminar completamente todos los aspectos de estos prejuicios inconscientes, la investigación sugiere con fuerza que un entrenamiento más sofisticado puede conducir a evaluaciones más precisen de las amenazas, corrigiendo esos prejuicios raciales de los que probablemente ni el policía es consciente.

El entrenamiento en el empleo de la fuerza remarcar el empleo de la descalación y de tácticas flexibles de forma que se minimice el recurso al empleo de la fuerza, especialmente la fuerza letal. Las agencias de policía que han priorizado el empleo de la descalación, han sido testigos de una disminución sustancial en el empleo de la fuerza, incluida la fuerza letal, sin que fuera acompañado de un incremento en len muertes de agentes. No resulta sorprendente que el Departamento Federal de Justicia revise el entrenamiento en descalación (o su ausencia) cuando investiga a los departamentos de policía por posibles violaciones de los derechos civiles. un entrenamiento táctico más completo ayudaría a prevenir el empleo innecesario de la fuerza. En lugar de correr para enfrentarse a alguien, hay que enseñar al policía que suele ser mejor adoptar una postura en diagonal que le protege mientras recoge información o establece contacto desde una distancia segura. Relacionado con esto, poner en marcha una retirada temporal - o lo que los policías definen como "retirada táctica"- puede,en las circunstancias adecuadas, mantener la seguridad mientras se ofrecen alternativas a la fuerza letal.

También hay que entrenar a los agentes a pensar más allá de su cinturón. Se espera que el spray de pimienta, el bastón, el Tasen y el arma son recursos de última oportunidad, a emplear cuando las tácticas no violentas fallan o cuando no hay opciones. Cambiando el entrenamiento de los policías, los departamentos de policía pueden empezar a cambiar la cultura policial, pasando de la mentalidad del "asalto frontal" a un enfoque que priorice conservar bu vidas que el policía tiene la función de protegen. A principios de este año, la policía de Kalamazoo, en Michigan, empleó tácticas de comunicación en lugar de sus armas para intervenir con un hombre violento que armado de un rifle. Tras 40 minutos de negociación la intervención acabó con un apretón de manos, no con una ambulancia.

Los mandos policiales necesitan abandonar esas posiciones de negarse de forma refleja a la revisión en profundidad de las intervenciones policiales en las que se hace empleo de la fuerza. Aunque el policía puede que actúe en el calor del momento - lo que ocurre con menor frecuencia de lo que se piensa - ello no debería evitar la opción de realizar una revisión de la actuación, al menos, para revisar de forma más minuciosa los factores que provocaron el "calor" del momento. La revisión no debería consistir en señalar a nadie (aunque hay que asumir las responsabilidades que pertoquen), sino identificar los factores que contribuyeron en última instancia al empleo de la fuerza (...) El énfasis se pondría en identificar los factores que contribuyeron al error de forma que pueda prevenirse la aparición de este error otra vez. Debería revisarse el entrenamiento del policía constantemente para incorporar las lecciones aprendidas en estas revisiones.

La reforma de la policía requiere, por supuesto, algo más que cambios en el entrenamiento. La misión de la policía debe centrarse en mantener a la comunidad a salvo y libre de miedo -incluso de la policía. Existen profundas tensiones raciales en la policía que sólo pueden superarse tras un largo y mantenido proceso de compromiso en una policía cooperadora e implicada en la comunidad. Necesitamos volver a pensar en los numerosos impedimentos legales, estructurales y sociales para investigar la violencia en que pueden verse policías implicados y la reticencia institucional a aceptar supervisiones externas, especialmente si son civiles. El camino para que se produzcan cambios duraderos puede resultar abrumador y necesitar de muchos años y muchos pasos. Uno de estos pasos puede ser cambien la forma en que se entrene al policía.

Fuente: The Atlantic. Seth Stoghton