lunes, 13 de abril de 2015

EL POLICÍA FRENTE A LA ENFERMEDAD MENTAL

En las intervenciones policiales con personas con enfermedades mentales severas. como puede ser la esquizofrenia o el trastorno bipolar, existe la tendencia a seguir la corriente al sujeto enfermo con el fin de convencerlo para que Venga con nosotros sin oponer resistencia.
Las personas con esquizofrenia, por ejemplo, suelen experimentar delirios y alucinaciones.
Los delirios pueden hacerle creer que se le persigue para hacerle daño o que hay una trama montada contra el. Las alucinaciones más frecuentes son las auditivas: el sujeto escucha voces que nadie más escucha. Estas voces suelen tener un tono y contenido amenazantes. La presencia de ambos síntomas es muy habitual, y son causa de gran angustia y temor para quienes los padecen.
Cuando decimos a estas personas que no se preocupen, que nosotros les protegeremos de los extraterrestres que le persiguen o que también escuchamos las voces, entre otros comentarios, creemos que con ello "confraternizamos" con el sujeto, facilitando la resolución de la intervención. Puede que sea verdad que, en algunos casos, podemos ganarnos al sujeto con estas mentiras, pero las consecuencias resultan ser algo que se nos escapa de las manos.
El policía, en estas circunstancias de intervención, se encuentra en una posición ideal para “normalizar” la comunicación con el sujeto enfermo. Normalizar significa hablar a la persona que tenemos delante no en razón de su enfermedad, sino de su condición de persona. Como tal, lo que esperará de nosotros es sinceridad y ayuda. Al seguir la corriente a la persona con una enfermedad mental crónica, lo tratamos como si fuera tonto (ojo, que muchos se darán cuenta de nos estamos “quedando” con ellos) o como si su capacidad de decisión hubiese quedado totalmente anulada.
Y no es así. Salvo que el sujeto haya consumido alcohol o drogas, éste sabe lo que le estamos diciendo, aunque persista en su delirio. Si de alguna manera le hacemos ver que compartimos o escuchamos sus síntomas le estamos enviando el mensaje de que esas voces y ese sentimiento de persecución son reales. Sin quererlo estamos reforzando su enfermedad, ya que el policía “también lo escucha”.

El policía que tiene experiencia en este tipo de intervenciones sabe que con paciencia las cosas pueden terminar bien, y que lo que debemos transmitir al sujeto es que necesita ayuda médica, que nosotros no escuchamos ninguna voz y que va a venir con nosotros para recibir los cuidados adecuados. “Normalizar” también significa decirle lo que vamos y no vamos a permitir. Puede que sea necesario reducirlo, pero antes le habremos avisado de que esas  serán las consecuencias si no colabora. 

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