
¿Qué necesita la policía, más jefes o más líderes? Algo que los mandos policiales han constatado ya desde hace tiempo es que “mandar” en un ámbito como el policial se encuentra en un proceso de reconversión realmente profundo. Salvo en el caso de la Guardia Civil, que todavía mantiene esquemas de mando muy jerarquizados y basados en un estilo autoritario (con los evidentes inconvenientes que ello tiene para su funcionamiento, y los que irá teniendo en el futuro), el resto de los cuerpos de seguridad del estado han visto cómo los estilos tradicionales de mando han ido transformándose hasta convertirse poco a poco en obsoletos.
Ser autoritario y tener autoridad no es lo mismo. El mando policial debe aprender a convivir con subordinados no tan “complacientes” con su autoridad. Cualquier mando actual sabe que las órdenes no se acatan “porque sí”, siendo el cuestionamiento de las misma una constante más que una excepción. Pero que nos cuestionen las órdenes no significa, que no se vayan a cumplir o que el subordinado quiere tocarnos las narices a toda costa. “Es que se quejan por todo. Para cualquier orden tiene que haber un “pero”, me comentaba hace poco un mando policial.
La preparación de los agentes a nivel académico es cada vez mayor y la vida de complacencia que han llevado los nuevos agentes – que tampoco han pasado por el reciclaje del servicio militar – no los ha preparado para recibir órdenes precisamente. Hay una relación entre mayor preparación académica y mayor inconformismo y cuestionamiento de la autoridad, lo que no deja al margen al mando policial. Este nuevo enfoque obligará a un cambio de estructuras de jerarquía no tan verticales, sino más horizontales. Una orden no deja de serlo porque tenga que explicarse, proceso éste que no invalida la obligatoriedad de su cumplimiento.
Por lo tanto, estamos a las puertas de una manera de liderar en los cuerpos policiales en los que la explicación y la colaboración son requisitos necesarios para generar equipo de trabajo. Sin duda alguna, será una buena prueba de fuego que marcará la línea divisoria entre los que mandan y quienes lideran.
Ser autoritario y tener autoridad no es lo mismo. El mando policial debe aprender a convivir con subordinados no tan “complacientes” con su autoridad. Cualquier mando actual sabe que las órdenes no se acatan “porque sí”, siendo el cuestionamiento de las misma una constante más que una excepción. Pero que nos cuestionen las órdenes no significa, que no se vayan a cumplir o que el subordinado quiere tocarnos las narices a toda costa. “Es que se quejan por todo. Para cualquier orden tiene que haber un “pero”, me comentaba hace poco un mando policial.
La preparación de los agentes a nivel académico es cada vez mayor y la vida de complacencia que han llevado los nuevos agentes – que tampoco han pasado por el reciclaje del servicio militar – no los ha preparado para recibir órdenes precisamente. Hay una relación entre mayor preparación académica y mayor inconformismo y cuestionamiento de la autoridad, lo que no deja al margen al mando policial. Este nuevo enfoque obligará a un cambio de estructuras de jerarquía no tan verticales, sino más horizontales. Una orden no deja de serlo porque tenga que explicarse, proceso éste que no invalida la obligatoriedad de su cumplimiento.
Por lo tanto, estamos a las puertas de una manera de liderar en los cuerpos policiales en los que la explicación y la colaboración son requisitos necesarios para generar equipo de trabajo. Sin duda alguna, será una buena prueba de fuego que marcará la línea divisoria entre los que mandan y quienes lideran.