viernes, 26 de diciembre de 2014

¿TENEMOS UN SUBORDINADO PASIVO-AGRESIVO? ¿UNO DE ESOS QUE NOS DICE QUE SÍ A TODO PERO QUE LUEGO NO LO HACE?

Buenas fiestas a todos.
¿Os ha pasado alguna vez que como mandos pedís a un agente que haga tal o cual cosa y os habéis encontrado con algún subordinado que muchas veces te dice que sí todo convencido pero que luego no hace lo ordenado? No estoy hablando de los vagos clásicos, sino de un subtipo de personalidad anormal que canaliza su agresividad interior fastidiándonos de la mejor manera que sabe: no haciendo lo que se  le pide. Luego se llenan de excusas, que les sabe fatal, que son unos desastres, que comprenderían que les aplicásemos un correctivo, etc.
Se calcula que entre el 7% y 13% dela población padece algún tipo de trastorno de la personalidad, por lo que no resultaría raro tener algún subordinado con algún problema de este tipo. Las características básicas de este tipo de trastornos es (aunque va por grados e intensidades) que no tienen empatía, les cuesta mucho ponerse en el lugar del otro. Una consecuencia directa de ello es que pueden hacer daño con mucha facilidad, ya que el sufrimiento de la persona herida les es ajeno o, en muchos casos sólo despiertan comentarios como “se lo tenía merecido”.
Estas personas no se equivocan nunca, lo que no quiere decir que no lo hagan, sino más bien que no reconocen haberlo hecho. Cuando se produce una equivocación o error, echan la culpa a los demás, a la sociedad o al universo, si hace falta, pero ellos nunca reconocerán el error. Una consecuencia evidente de todo esto es que no aprenden de los errores, con lo que nos podemos encontrar frente a un trabajador repite sus fallos una y otra vez mientras se mantiene ajeno a su responsabilidad, achacándolo a la incompetencia de los demás.
Otra característica inconfundible es que son personas muy rígidas. Son de aquellas que, o estás conmigo o contra mí. Puedes comportarte con ellos/ellas de una manera totalmente adecuada en el 99% de los casos, pero si sólo en una ocasión les defraudas o no estás a la altura de lo que esperan, entonces te hacen la cruz para siempre. Imaginaos las consecuencias que tienen personalidades así en el trabajo de equipo en una empresa. Son capaces de cargarse todo el trabajo realizado sólo importándoles su propio ego y el tener razón.
Hay otras características, pero lo que nos interesa aquí es el tipo de trastorno de personalidad, que hay varios. En este caso, puede que nos encontremos frente al trabajador que denominaremos como pasivo-agresivo. Estos sujetos e definen por ser personas muy “entregadas”, siempre dispuestos a ayudar, pero que guardan un secreto importante: están absolutamente convencidos de que sus superiores no saben valorar convenientemente su capacidad y valía.
De cara al exterior muestran un comportamiento dócil. No suelen meterse en conflictos, pero internamente son muy rígidos y se van cargando de agresividad hacia sus superiores, en este caso. Y, ¿cómo descargan esta agresividad? No lo hacen de la forma al uso, gritando, agrediendo, etc., sino de una forma pasiva: cuando el jefe les pide un trabajo no se niegan, pero gentilmente no lo hacen después, alegando mil excusas.  Es su forma de “castigar” a quien no tiene en cuenta su valía.
En contadas ocasiones pueden perder ese control que tanto les cuesta evitar que salga a la luz, perdiendo los estribos durante unos minutos y dejando con la boca abierta a todos los que le rodean en ese momento. Cuando esto ocurre, el sentimiento habitual suele ser el de sorpresa, ya que el pasivo-agresivo nos ha acostumbrado al silencia y la aceptación rayana en la sumisión.
No nos engañemos: la procesión va por dentro.
En casos así, mostrarse firme y directivo es la mejor manera de enfrentar a estos sujetos tan problemáticos.

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