
A pesar de la falta de evidencia, muchos terapeutas tratan los sueños de sus pacientes como parte de la realidad pasada de estos. Esto puede crear un problema al paciente: si el terapeuta comenta con el paciente un tema surgido en los sueños de éste, dicha información puede incorporarse a los sueños posteriores del paciente. Si al día siguiente se comentan estos sueños de nuevo (junto con la información añadida), el paciente puede creer y recordar de forma falsa un pasado que realmente nunca ocurrió. Hay numerosos estudios que avisan de los peligros de la interpretación sexual de los sueños. Mazzoni & Loftus, 1995, señalaron tres experimentos en los que, utilizando una sutil sugestión se conseguía que los sujetos recordaran hechos falsos en sus sueños, aunque los datos se les habían suministrado durante el periodo de vigilia.
Lo sujetos estudiaron una lista de objetos durante el Día 1. En el Día 2 se les proporcionó la sugerencia falsa de que algunos de los objetos de la lista se habían colocado allí extraídos de los sueños sobre los que habían informado previamente. En el Día 3 se les pidió que recordaran los objetos de la lista que habían estudiado el Día 1. Los sujetos reconocieron erróneamente los objetos soñados en una alta proporción, en ocasiones, tan alta como la de los objetos verdaderos. Los sujetos declaraban “recordar” claramente la presencia de los objetos soñados de la lista, en lugar de simplemente “saber” que los objetos estaban en la lista inicial. Estos resultados muestran cómo los sueños pueden confundirse con la realidad. El contenido de los sueños puede ser especialmente problemático en manos de un terapeuta que comenta con el paciente temas de abusos sexuales en el periodo de vigilia (pudiendo ocasionar que estos comentarios se incorporen a los sueños de la noche) y empleando después el material como “fuente” para reconstruir supuestos abusos sexuales de la infancia. El peligro de que estas cuestionables actividades puedan conducir a un determinado paciente a creer que ha sufrido abusos sexuales en la infancia – no siendo así realmente – es un riesgo más que evidente.

La Sociedad Psicológica Australiana ya ha reconocido que “los recuerdos de los que se informa ya sea espontáneamente o por medio de procedimientos especiales en terapia pueden ser fiables, no fiables, inventados o una mezcla de los anterior, alterados, creados o borrados”, y que sin una fuente externa que los corrobore “no se pueden distinguir los recuerdos falsos de los verdaderos.” En relación a los recuerdos de abusos sexuales durante la infancia, la Asociación Americana de Psicología declaró que “es posible construir recuerdos falsos convincentes de sucesos que nunca han ocurrido.” La Asociación Americana de Medicina también avisa del peligro de emplear los recuerdos recuperados ya de adultos de abusos sexuales en la infancia “porque no es posible distinguir la realidad de la ficción en estos casos.” La Asociación Americana de Psiquiatría ha reconocido que los recuerdos puede estar fuertemente influenciados por una persona de confianza que sugiere el abuso como una posible explicación de los síntomas/problemas del paciente, y que preguntándole repetidamente sobre el tema puede llevarle a informar de recuerdos sobre eventos que realmente nunca ocurrieron.